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Claves para una comunicación positiva en familia

El pasado martes 18 de mayo los tutores de la UP Eva Peñafiel y Juanjo Rabanal ofrecieron un webinar para toda la tribu sobre Comunicación positiva en familia.

Si te lo perdiste o deseas repasarlo, te dejamos a continuación la grabación y presentación.

Además, tres familias nos hicieron llegar preguntas relacionadas con estas temáticas. Os dejamos a continuación las respuestas de Eva y Juanjo:

Begoña nos pregunta: Nos acabamos de separar y mi hija de 13 años no quiere hablar del tema. No muestra mucha empatía. Dice que no piensa en ello porque tiene sus propios problemas. ¿Alguna sugerencia para poder conectar con ella?

Hola Begoña, gracias por compartir una pregunta que puede interesar a muchas familias que estén atravesando una situación similar. La verdad es que no es fácil dar una respuesta adecuada a una situación como esta, porque son muchas las variables que desconocemos. En principio, un proceso de separación no tiene por qué ser algo traumático para los hijos, pero es importante que ambos progenitores prioricen el bienestar de los hijos, sean respetuosos y tengan en cuenta el tiempo que todos necesitáis para adaptaros a la nueva situación. Aun en el mejor de los casos, en todo esto haya sido así, esta separación implicará muchos cambios a los que hay que acostumbrarse y que, las cosas, aunque antes tuviese sus defectos, ya no volverán a ser igual. En muchas ocasiones hay que atravesar por un proceso de duelo, porque se trata de una pérdida. Para resolver este duelo, es necesario solucionar una serie de tareas y tomarse el tiempo necesario para que esto fluya. Estas tareas son:

  • Tarea 1: Aceptar la realidad de la separación. En muchas ocasiones, los hijos e hijas (o a veces uno de los miembros de la pareja) se niegan a aceptar esta situación, mantienen la esperanza de que sea reversible, etc. Hasta que no se acepte que no hay marcha atrás, no se podrá organizar la nueva realidad de manera completa. ¿Es posible que tu hija intente negar la situación para evitar el dolor que le puede provocar?
  • Tarea 2: Elaborar el dolor del duelo. Una vez que se ha asumido que la separación es definitiva, es necesario organizar las ideas, aceptar la tristeza o la rabia que puede provocarnos para poder reconciliarse con ella. Esta tarea puede llevar un tiempo, y es positivo dejar espacios para expresarla. Muchas veces, no estamos acostumbrados a dejar expresar la tristeza o la rabia e invitamos a reprimirla (“no llores”, “no estés triste”, “tienes muchos motivos para estar contenta”, etc.), pero es más saludable dejar que salga a la superficie y le permita hablar de ello. También puede ser que, si tu hija siente que vosotros estáis tristes o pasando un mal momento, trate de reprimirlo para no preocuparos más. Lo que tú interpretas como falta de empatía puede ser un mecanismo de defensa para no causar más dolor. Si sientes que algo de esto puede haber, puede ser positivo que le contéis cómo os sentís vosotros, que es normal estar tristes aunque haya sido una decisión consensuada, etc. Que sienta que vosotros también sentís y que también empatizáis con ella.
  • Tarea 3: Adaptarse a la nueva situación. Una vez que nos hemos permitido comprender lo que estamos sintiendo, necesitamos reorganizar nuestra nueva vida: puede que haya dos casas, que tengan que aprender a hacer maletas, que las normas y límites sean diferentes, que haya otras personas en la nueva familia, etc. Dependiendo de lo drásticos que sean los cambios, puede llevar más o menos tiempo.
  • Tarea 4: Reubicar emocionalmente cada miembro de la familia. Cada progenitor posiblemente tenía un rol diferente (el confidente, el que cubre alguna necesidad, el que da más mimos, etc.), ahora van a cambiar porque la convivencia no será simultánea. Hay que aprender a valorar cada momento, sin rencor, sin echar de menos al otro, etc.

Estas tareas no son necesariamente lineales ni se tienen que dar todas, pero esperamos que te sirvan para reflexionar si tu hija puede estar en alguna de ellas ahora mismo y el dolor que le causa puede estar llevándola a mostrarse fría para evitarlo. Mucho ánimo, un abrazo,

Juanjo y Eva

 

Dulce nos comenta: Hablando de las redes sociales y comunicación, mi hijo vio algo de un videojuego y ahí matan a las caricaturas y luego reviven. Ahora cuando se enoja dice cosas de matar. Yo le explico que eso es un juego violento, que no me gusta que vea, y menos que exprese malos deseos así. ¿Qué otras alternativas podría usar para manejar esta situación?

Estimada Dulce, el uso de los dispositivos electrónicos para el entretenimiento es una alternativa más. Pueden favorecer la coordinación visual y manual, la memoria, la tolerancia al fracaso y la conciencia de esforzarse por un objetivo. También puede ser beneficioso para construir, imitar, crear y para el contacto social y la participación en actividades en común. 

Ahora bien, debemos integrar dichos dispositivos en la vida de nuestros hijos, aprovechando sus ventajas y evitando sus inconvenientes. Cuando son pequeños, como es el caso de tu hijo, debemos tener en cuenta que no sea el único medio de entretenimiento, que no abuse de los mismos, que no les quiten horas de sueño y de tener en cuenta los aspectos ambientales relacionados con la luz, el brillo y el volumen. 

Es muy importante también saber que los efectos perjudiciales sobre la salud de tu hijo, depende también del contenido del videojuego. Debes fijarte si los mensajes, personajes, interacciones e imágenes son apropiados para tu hijo. Y si la práctica se realiza en un determinado tipo de juegos y es muy repetitiva, puede limitar su creatividad y generar dependencia. Especialmente nocivos son los juegos violentos, con contenido racista o sexista, de conductas agresivas o menosprecio a los demás. Estos modelos o personajes pueden influir e introducir pautas de comportamientos en la personalidad en formación de tu hijo. Antes de los 6 o 7 años no tienen capacidad para diferenciar la realidad de la ficción.

Por otra parte, para tu hijo “jugar a matar”, no es más que un juego, aunque nos asuste un poco. Los niños desde pequeños necesitan socializar la idea de la muerte, es decir, necesitan comprender que forma parte de la vida. Para la mayoría de nosotros, es un tema tabú que nos genera mucha incomodidad y que preferimos evitar hablar con nuestros hijos e hijas. Sin embargo, su entorno está rodeado de vida y de muerte: la planta que se ha secado, la hormiga que ha pisado, la mascota que ha muerto, los videojuegos en los que matan… Puede ser una buena oportunidad para hablar de eso y hacerle ver qué significa cuando dice que va a matar a alguien, porque siente eso cuando se enfada y qué cosas podría hacer para liberar la rabia que siente en algunos momentos sin amenazar y decir cosas que pueden ofender a otros (por ejemplo, correr o saltar, golpear un cojín, dar un grito, etc.).

Con todas estas ideas, te proponemos algunas pistas que pueden serte útiles para gestionar el uso de pantallas en casa:

  • En primer lugar, debemos controlar el uso de pantallas y limitar su uso. “Uso y no abuso”.
  • Hay que vigilar el contenido de los videojuegos. Un control adecuado de los contenidos idóneos para su edad y su proceso madurativo.
  • Es necesario potenciar la vida familiar y evitar ese vacío de vida familiar que, en algunos casos, justifica el uso de pantallas de manera abusiva. Y eso hace que los padres o referentes adultos nos distanciemos de los nuestros, de lo que hacen y el tiempo que dedican a las pantallas. Es muy bueno generar canales de comunicación en casa para que nos cuenten a lo que juegan y qué es lo que les gusta.
  • No confundir las pantallas con cuidadores de los nuestros. Completar ese tiempo de entretenimiento con deporte, arte, actividades en familia o lectura. Aprovechar el tiempo en familia y tener tiempo de calidad juntos, no tiene precio.
  • Tenemos que estar atentos por si vemos indicios relacionados con el uso compulsivo de alguna pantalla, cambios de comportamiento (impulsividad o violencia), bajada del rendimiento académico, abandono de otras actividades, etc. 
  • Y, por último, y no por ello menos importante, es necesario negociar con nuestros hijos los tiempos de un uso razonable. Les estamos dando la oportunidad de contar con ellos, que se sientan importantes, que pertenecen a la familia y que necesitamos de su opinión y acción para saber controlar y disfrutar de las pantallas. De esta manera, les estaremos facilitando, acompañando y dando herramientas para que se hagan conscientes y responsables de lo que hacen con las pantallas, cómo lo sienten y cómo las pueden gestionar de una manera saludable y oportuna.

Esperamos que te sea útil, un abrazo,

Juanjo y Eva

 

Carmen nos pregunta: Puede pasar que en las preguntas vaya implícita una orden. ¿Qué margen hay para poder preguntar y escuchar lo que dice, aunque no coincida con lo que se espera?

Estimada Carmen, muchas gracias por tu pregunta, es muy interesante. En Disciplina positiva, el objetivo es desarrollar responsabilidad en nuestros hijos e hijas, no obediencia. Eso significa que tenemos que estar dispuestos a invertir tiempo para capacitar y ponerle grandes dosis de paciencia porque el ritmo no va a ser el mismo que cuando buscamos obediencia, aunque a medio y largo plazo será infinitamente más eficaz. 

Establecer límites claros, organizar reuniones de familia para consensuar normas, pautas, dedicar tiempo a que desarrollen diferentes habilidades de manera autónoma, etc. son tareas fundamentales para que la DP funcione. Pero eso no significa que nuestras prioridades vayan a ser las de nuestros hijos e hijas. Cuando hemos dedicado tiempo en las reuniones a decidir juntos que después de jugar es mejor recoger los juguetes, cuando está recogido hemos destacado lo a gusto que estamos en casa cuando está ordenada, cuando modelamos y recogemos después de hacer una actividad y se lo contamos para que vean que también nosotros lo hacemos, estamos contribuyendo a que, poco a poco, sean más responsables y autónomos. Pero, qué pasa si terminan de jugar y no se acuerdan de que hay que hacerlo, no les apetece, se ponen a jugar a otra cosa y se distraen, etc., pues que obviamente que no lo van a recoger. Si queremos desarrollar responsabilidad, tenemos que ayudarles a que lo hagan, pero la manera de hacerlo puede cambiar. Cuando le digo a mi hijo, ¿qué hay que hacer cuando terminamos de jugar? Estoy intentando que recuerde todo el trabajo previo y que se dé cuenta de que tiene esa responsabilidad, que ha asumido, que posiblemente está escrita en nuestro acuerdo que hemos firmado, que si no lo recoge luego no encontrará las cosas y otro tendrá que asumir su tarea, etc. No siempre llegará a la conclusión que buscamos, dependerá mucho de la madurez, de la responsabilidad que haya desarrollado y de muchos otros factores. A veces, tendremos que ayudarle a que lo haga porque nuestras prioridades no son las suyas.

Cuando, por el contrario, damos una orden, estamos respondiendo a nuestras prisas, pero no les dejamos tiempo a que se den cuenta de lo que ellos ya saben, solo lo hacen porque se lo decimos. Posiblemente, el próximo día no lo hagan hasta que se lo volvamos a mandar y así será siempre. Las órdenes invitan a obedecer o a rebelarse, no contribuyen a desarrollar responsabilidad ni autonomía. No es solo las palabras que decimos, requiere de un trabajo previo, de una dinámica familiar y de mucha mucha paciencia. 

Esperamos que te sea útil, un abrazo, 

Juanjo y Eva

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