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Comer en familia, una auténtica necesidad

La Navidad es un periodo frecuentemente asociado a los excesos gastronómicos. Es un buen momento para conocer el libro “Comer en familia”, de Miriam Magallón, protagonista de nuestra Entrevista a un libro de este mes.

Pregunta.- ¿Por qué un libro sobre comer en familia?

Respuesta.- Porque el ritmo de vida actual ha cambiado drásticamente las rutinas familiares y uno de los hábitos en que más negativamente ha impactado es en el de cocinar con calma y comer todos juntos. Yo defiendo que esta es una costumbre buenísima, no solo a nivel para la salud, sino a nivel educativo. Considero que comer en familia mejora la dinámica familiar, la comunicación y la relación entre sus miembros.

 “Comer juntos es una magnífica escuela de comunicación, de conocimiento mutuo y solidaridad”

P.-Entonces, ¿no es un libro de recetas para comer más sano?

R.- No hay recetas, pero sí nociones de nutrición y pautas para fomentar una relación más sana con la comida, lo que implica alimentarse de un modo más saludable y ecológico. Mi autora, que es psicóloga, encuentra en su trabajo muchos problemas asociados a una relación equivocada con la forma de comer. Tenemos que aprender que la comida no sirve para gratificarnos, calmarnos o compensarnos, sino que es un combustible que nos sirve para movernos. Si damos chuches a los niños como premio o para que se les pase la rabieta, les enseñamos a identificar las emociones con la comida y eso nos lleva a una alimentación desequilibrada e inconsciente.

P.- ¿En qué consiste esa relación sana con la comida de la que hablas?

R.- Se trata de estar en contacto con nuestro cuerpo y sus necesidades. Mi autora considera que esta relación sana con la alimentación incluye estos requisitos:

  • Comer sano es comer equilibrado, variado y frecuente
  • Respetar las señales de hambre y saciedad de nuestro cuerpo
  • No comer llevados por las emociones
  • Sin patrones negativos heredados o aprendidos en la infancia
  • Comer conscientemente
  • Disfrutar de la comida y su preparación
  • También es cuidar el medio ambiente, los recursos y no desperdiciar
  • En definitiva, es un acto de autocuidado, de amor y de cuidado por la familia.

P.- ¿No corremos el riesgo de obsesionarnos con la alimentación?

R.- Es cierto que, a día de hoy, se da cierto “alarmismo nutricional”. Frente ese extremo, yo propongo dos conceptos: cordura y mesura. Si nos obsesionamos con la alimentación saludable y, en ocasiones, mal entendida, tendremos un nuevo problema. Conozco familias que solo comen frutas y verduras ecológicas, que apenas toman carne o que han eliminado la leche y el azúcar de la despensa de su casa… Las prohibiciones tan rígidas engendran mayor deseo. No pasa nada porque un día nuestro peque coma un bollo o cene comida rápida, ni porque vaya a un cumpleaños y coma chucherías. Hay que tratarlo con naturalidad, entendiendo que son casos puntuales y no lo habitual. Recomiendo flexibilidad en nuestros principios y expectativas realistas.

P.- ¿Cuáles son los beneficios de comer en familia?

Comer en familia es uno de los mejores hábitos que los padres pueden inculcar a sus hijos. Está considerado como un factor de protección para los niños y adolescentes ante problemas de alimentación, de consumo de sustancias, de relaciones sociales… Comer es educar. El momento de comer en familia es una oportunidad extraordinaria para hablar y escuchar a nuestros hijos. No hablo solo de educar los modales, sino de transmitir valores y actitudes. Es una buena ocasión para escuchar las dificultades o los problemas de nuestros hijos o compartir los nuestros. También mejoran las habilidades de comunicación y la inteligencia emocional.

 “Hablar en la mesa de nuestras cosas ayuda a conocer mejor nuestro mundo interior y nuestras emociones y autorregular nuestro estado de ánimo”. 

 P.- ¿Cómo podemos poner en práctica lo que dices?

R.- En mis páginas aparecen numerosas pautas, muchas en forma de juegos, para implicar a los más pequeños. No es difícil, y menos ahora con el auge de los programas de cocina que tienen tanto éxito. Hay que permitir a los niños y niñas entrar en la cocina. Los niños que cocinan desarrollan una actitud muy positiva hacia la comida. Además, estar en la cocina les permite explorar los alimentos con todos los sentidos y experimentar. La cocina desarrolla su creatividad y curiosidad. Los estimula cognitivamente: tienen que planificar, mantener un orden, seguir pasos… Y todos estos procesos potencian la memoria, la organización y la concentración. Como ves, todo son ventajas.

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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