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Cómo estimular el lenguaje desde una edad temprana

Desde el primer momento en el que nacen nuestros hijos, comienzan a desarrollar una serie de conductas previas al lenguaje como son por ejemplo: el llanto, el balbuceo o los gritos. A medida que van transcurriendo los primeros meses de vida, estas conductas irán favoreciendo la aparición del lenguaje oral, así como las primeras interacciones con su entorno más próximo.

Es por ello, que está demostrado, que el entorno social juega un papel muy importante en la evolución de la comprensión y de la expresión de nuestros hijos, ya que es el habla y la voz de las personas más cercanas al niño y la relación que tiene con ellas, la principal fuente de información que este tiene sobre el lenguaje y su uso. Los niños pasan la mayor parte del tiempo con los padres en el entorno familiar, por ello, son los propios padres los que pueden favorecer, de forma muy positiva, su expresión oral.

Para estimular su lenguaje, se necesita, por tanto, dedicar pequeños periodos de tiempo, teniendo en cuenta una serie de hitos evolutivos en el lenguaje del niño, así como realizar actividades motivadoras que le generen la necesidad de expresarse por medio del lenguaje oral. Estos hitos evolutivos que hay que tener en cuenta son los siguientes:

  • Hacia los 12 meses, algunos niños ya son capaces de emitir monosílabos como «sí» o «no».
  • En torno al año comienzan a pronunciar palabras de dos sílabas y a utilizar vocabulario con un sentido, sabiendo lo que dicen (se llaman bisílabos referenciales).
  • Tras las primeras palabras vendrá la eclosión del lenguaje, que se da entre los 12 y los 36 meses. Los pequeños se convierten entonces en auténticos parlanchines pero no sucede en todos los niños.
  • De los 12 a los 18 meses practican con los bisílabos y, a partir de entonces, la mayoría ya es capaz de construir frases simples de dos palabras.
  • Y si aún no saben pronunciar ciertos términos, utilizan otros recursos para referirse a ellos: señalar lo que quieren con el dedo es uno de los más usados.

Que un niño de un año no sepa hablar no tiene por qué indicar nada, pero si llega a los dos años sin pronunciar ni una sola palabra, ni siquiera monosílaba, y tampoco entiende órdenes sencillas, seguramente sí podríamos estar ante un problema, por lo que deberíamos consultar a su pediatra.

Podríamos decir que el desarrollo del lenguaje en nuestros hijos comienza a incrementarse al finalizar la edad de dos años que es cuando, por lo general, dominan alrededor de 20 palabras habladas y pueden unir esas palabras para formar frases cortas, de dos palabras, por ejemplo, fomentando así su lenguaje, pero respetando, en todo momento, el ritmo de aprendizaje de cada niño. Se pueden dar casos entre niños, con una audición e inteligencia normal, que no hablan mucho durante el segundo año y lo hacen por medio de gestos, llegando, incluso, a generar, en ocasiones, una preocupación a las familias.  

Los niños en estas edades son más capaces de entender lo que les dicen, que de expresarse a través de palabras. Es por eso que, a veces, en vez de esforzarse, como saben que el adulto les sobreentenderá o hará por conocer lo que quiere expresar, hacen mayor uso de los gestos.

Independientemente del momento en el que nuestros hijos digan sus primeras palabras, podemos tener la seguridad de que entienden gran parte de lo que le estamos diciendo. Debería, por tanto, ser capaz de responder a instrucciones sencillas y de conocer los nombres de objetos conocidos y miembros de su familia.

Hablar de lenguaje sería similar a hablar de conceptos, ideas y significados que, desde el momento del nacimiento los niños, van almacenando y organizando como si de una biblioteca se tratara. A partir de esta biblioteca, encontramos la habilidad de expresar y comunicar las palabras (lenguaje expresivo) o la habilidad de escuchar, ordenar y añadir nuevas ideas (lenguaje comprensivo).

Ejercicios para estimular el lenguaje expresivo en las primeras edades:

Antes de la aparición de las palabras y las frases, hay muchas otras muestras de lenguaje expresivo que podemos llegar a trabajar, como la mirada, los gestos o los sonidos.

Los padres podemos fomentar el  desarrollo el lenguaje de nuestros hijos con algunos hábitos sencillos:

  1. Hablar mucho al niño y vocalizar bien. Es importante no imitarle y repetir correctamente las palabras que él pronuncia mal. Puede decirnos la frase «Tero tete», y nosotros debemos de contestarle con el modelo corregido sin regañarle: «¿Quieres el chupete?». Recordad que los niños aprenden mucho por imitación, por ello, cuando habléis con vuestros hijos, tratar de hacerlo despacio y con la pronunciación adecuada.
  2. Está demostrado que la música potencia su desarrollo lingüístico, por lo que es bueno cantarle canciones sencillas para que pueda ir aprendiendo la letra.
  3. También le ayudará ver los vídeos infantiles educativos donde se repiten patrones de lenguaje.
  4. Los especialistas también creen muy efectivo ponerle en contacto con otros niños y grupo de iguales,  si no va aun a la escuela, visitar algún primo, o ir a algún parque (en el caso que la situación actual, derivada de la pandemia, lo permita).
  5. Es esencial, no ignorar al niño cuando quiera hablar y nos realice preguntas.
  6. No interrumpir en el momento que nos quiera expresar algo.
  7. Escucharles atentamente y responder a sus preguntas, para que la comunicación sea percibida como algo positivo. 
  8. Siempre que nos estemos comunicando o jugando con ellos, es importante mirarlos, incluso, sería recomendable agacharnos, hasta conseguir estar a su misma altura. El contacto ocular es una primera tarea imprescindible, para una buena comunicación porque fomenta también la comprensión de emociones.
  9. Siempre que tengamos que explicarles algo, es recomendable que nos ayudemos de gestos, con los brazos o la cara, para que, luego ellos, puedan imitarlos cuando quieran expresarse.
  10. Las actividades deben ser atractivas, motivadoras y presentadas de forma variada. 

Por otro lado, antes de la comprensión de cuentos o historias, hay muchas otras muestras de lenguaje comprensivo que podemos llegar a trabajar con los más pequeños de la casa, como la denominación de palabras o, incluso, las onomatopeyas. Pero, ¿cómo podemos fomentarlos? Os mostramos una serie de ideas para poder realizar en casa con vuestros hijos en estas primeras edades:

  • Práxias: consiste en realizar actividades oro-faciales mediante movimientos organizados con la lengua, de mayor o menor dificultad, pero siempre de manera muy lúdica. Se hacen para alcanzar un objetivo, en este caso, pronunciar correctamente los diferentes fonemas. Es muy importante que nuestros hijos posean una agilidad y coordinación de movimientos muy precisa para hablar correctamente. Estos programas de movimiento están estrechamente relacionados con el habla.
  • Onomatopeyas: cuando aún recordar palabras sea un acto complejo, siempre podremos hacer uso de palabras simples que hacen referencia a sonidos como guau-guau, miau-miau, ñam-ñam, etc. Podemos buscar cuentos en los que aparezcan imágenes, por ejemplo, de animales o de medios de transporte, para trabajar las onomatopeyas, o, que cuando les contemos un cuento, les hagamos repetir onomatopeyas, que aparezcan en el mismo. También es útil, en este sentido, el aprendizaje de canciones.
  • Señalando: con ayuda de láminas, cuentos o cualquier tipo de imagen podemos ir preguntándoles y pidiéndoles que nos señalen determinados objetos, colores o animales. Es un excelente modo de saber qué vocabulario tiene ya adquirido. Por ello, podemos hacernos con una libreta e ir apuntando aquellas palabras que vaya pronunciando. 
  • Escogiendo: ante palabras nuevas siempre podemos proponerles que escojan entre dos opciones, una conocida y una desconocida. Por ejemplo, «¿Dónde está el delfín?», dando a elegir entre un elefante y un delfín, siendo el elefante conocido y el delfín un posible vocabulario nuevo.
  • Asociando: con ayuda de imágenes o álbumes podemos pedirles que nos indiquen determinados conceptos, como, por ejemplo, «¿Dónde están los animales?», «¿Qué se puede comer?», «¿Qué es muy grande?», etc.
  • Llamando por teléfono: a menudo sus primeras producciones serán incomprensibles, pero es importante animarles y seguirles la conversación, por ejemplo, simulando una llamada de teléfono o cualquier conversación.
  • Imitando sonidos: si la imitación y repetición de palabras aún es algo complejo para ellos, también es posible jugar a imitar sonidos aislados, tanto que inicien ellos como que iniciemos nosotros.

Desde la UP damos siempre mucha importancia a la estimulación temprana en todos los ámbitos de desarrollo de los hijos, desde el nacimiento. Por eso, en los cursos por edades, os ofrecemos la información necesaria, fundamentación, actividades y casos prácticos para ayudaros a contribuir en el desarrollo integral de los más pequeños de la casa.

Maestra de Educación Infantil y tutora de la Universidad de Padres

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