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Cómo tratar a un adolescente

Recomendaciones y errores a evitar en la comunicación con tu hijo adolescente

Cuando nuestros hijos e hijas se adentran en la fase de la adolescencia, la montaña rusa de su desarrollo se acelera sin frenos y se convierte en un vaivén, a menudo impredecible para muchos padres.

No todos los padres sabemos conectar con nuestro hijo adolescente, bien porque es nuestro primogénito y no hemos pasado antes por esa experiencia, bien porque la comunicación, por circunstancias, no es fluida. Este hecho puede hacer que nuestro hijo se sienta incomprendido.

Saber cómo acercarnos a nuestro hijo adolescente no es un conocimiento implícito al convertirnos en padres. Para nada. Solemos leer mucho y formarnos incluso con cursos para bebés, pero nadie piensa en los años venideros ni en cómo acompañar a nuestro hijo o hija adolescente. Y cuando llega el momento, el proceso puede ser muy complejo.

También porque se mezclan sentimientos de nostalgia, incluso tristeza, al ver crecer a nuestros pequeños y pequeñas, que dejan de serlo casi de un día para otro. Pero este sentimiento no debe confundirnos. Muy al contrario, deberíamos apreciar la adolescencia como una etapa alegre y motivadora, también liberadora en ciertos aspectos para padres y madres.

Los miedos, las dudas, intrigas e inquietudes que les van a asaltar en esta etapa evolutiva van a requerir un apoyo incondicional por nuestra parte y cómo lo hagamos va a ser la clave: cómo comunicarnos con ellos y ellas y ganarnos su confianza.

Con frecuencia recibimos consultas de familias que nos escriben preguntando cómo tratar a un adolescente. Por eso desde la Universidad de Padres os vamos a ofrecer cinco recomendaciones para acercarnos a nuestro hijo adolescente y conseguir una relación más fluida, basada en el respeto y la confianza.

Cómo acompañar y tratar a un adolescente

La comunicación es clave para acompañar a un adolescente; pero, es necesaria una comunicación positiva. Tenemos que tener claro que no siempre nos va a servir la misma estrategia y que la misma postura o enfoque no siempre resultará igualmente efectiva. El éxito siempre radicará en hacernos entender, en que nuestro mensaje cale y penetre, la, a veces, infranqueable consciencia adolescente.

Desde el prisma paterno y materno, esta interacción oral con nuestro hijo e hija adolescente no debería ser tan difícil porque le conocemos bien. Pero sabemos que la adolescencia es una época de grandes cambios físicos, emocionales y mentales, y aunque seamos sus padres, a veces, su comportamiento es impredecible incluso para nosotros/as.

Pautas de comunicación con nuestro hijo e hija adolescente

Para comunicarnos con nuestro hijo e hija adolescente podemos desarrollar estas actitudes de contraposición de posturas:

  • Sutileza contra gritos e imposiciones.
  • Hablar, preguntar y escuchar en lugar de solo hablar, hablar y hablar
  • Humildad y humanidad contra autoridad y despotismo
  • Consideración y apoyo contra castigo y excesiva exigencia
  • Autenticidad contra ficción y autoengaño
  • Sinceridad frente a mentiras
  • Trabajo en equipo (pareja) en lugar de mensajes individuales no consensuados

Recomendaciones

Los elementos que fomentan la comunicación positiva entre padres e hijos e hijas adolescentes se engloban en los siguientes conceptos capitales:

  • Comienza desde la infancia a trabajar su adolescencia: es necesario trabajar, desde pequeños, los valores que, como padres, queremos que nuestros hijos e hijas abanderen en su adolescencia.
  • Comunica con sosiego y naturalidad: en situaciones de tensión y discusión, como adultos debemos afrontar el intercambio de impresiones desde una posición de calma y control. Contrarrestar los posibles arrebatos de nuestros hijos e hijas adolescentes analizándolos para abordar así el motivo raíz que los provoca. Ser comprensivos sin perder autoridad. Y nunca responder a sus argumentos estando alterados o gritando más que ellos o ellas.
  • Preocupación real e interés: todos hemos sido adolescentes. El ejercicio de entendimiento de un joven no resulta sencillo por el salto generacional, pero es nuestra obligación, como padres, ser empáticos y rasgar en ese comportamiento irregular e inestable de nuestro hijo o hija adolescente para identificar y entender qué lo provoca y actuar con comprensión e inteligencia ante ello.Pero no solo debemos interesarnos o preocuparnos ante situaciones irregulares o comportamientos complicados. Que vean que nos interesamos también por sus aficiones, por sus inquietudes, por las decisiones que toman. Preguntémosles (lo hacemos muy poco) por eso que estén haciendo. ¡Incluso participemos! No somos adolescentes, pero por un momento muy particular y escueto, sí podemos parecerlo. Les gustará sentirse valorados y vernos participativos. Generará una confianza sólida y positiva.
  • Reglas y acotaciones: tratar a un adolescente sin límites y sin barreras que no pueden ser traspasadas, es imposible. Aún no tienen la escala de valores suficientemente sólida y madura como para darles libertad absoluta en la toma de decisiones. Eso sí, los límites que les impongamos han de ser sensatos, razonables, flexibles, pero firmes. Lanzamos con ello un mensaje a los hijos e hijas de interés, preocupación, amor y protección, pero también de entendimiento y comprensión.
  • Confianza y respeto mutuo: sin confianza, la comunicación con los adolescentes será complicado a lo largo de los años. Mostrarles esa confianza en su toma de decisiones, en sus juicios, sabiendo que cometerán errores, creará un vínculo férreo entre padres e hijos e hijas. Un vínculo que afectará positivamente a nuestro entorno, como esos límites de los que hablábamos antes, que serán más respetados y tolerados por parte de los jóvenes.Respetar su proceso de experimentación y evolución. Entrometernos (porque somos sus padres) pero no juzgar. No tratar de emularles en aspectos externos juveniles como su apariencia o terminología. No somos sus «colegas», somos sus padres que, a través de la comprensión, podremos igualarnos a ellos y ellas en estos aspectos. Si les mostramos ese respeto, con total seguridad también lo recibiremos de ellos o ellas.
  • Comunicación positiva: transparencia y concisión: las parrafadas suelen no funcionar. Los chavales desconectan. Cada vez les cuesta más leer y escuchar durante periodos prolongados. Por esta y otras razones, nuestra comunicación con ellos y ellas se debe basar en la empatía, asertividad y concisión. Transmitirles mensajes claros, firmes desde un enfoque positivo y con un tono alegre y no sombrío o apesadumbrado.
  • Equidad entre dar y recibir: con nuestros hijos e hijas adolescentes, comunicar es sinónimo de negociar. Y entender bien el concepto será clave para desarrollar temas vitales para ellos y ellas como la libertad, la responsabilidad, la justicia o el compromiso. No regalar ni consentir. No doblegarse ni ceder. Otorgar en su justa medida. Confiar en una respuesta por su parte en consonancia con sus peticiones. Dar y recibir. Recibir y cumplir. Así se construye un equilibrado ecosistema de igualdad entre padres y adolescentes.

Lo que debemos evitar en nuestra relación con los adolescentes

Nadie «viene» con un manual de instrucciones y los adolescentes tampoco. Ahora bien, existen determinadas acciones y asuntos que debemos evitar en nuestra comunicación y relación con ellos y ellas.

Por ejemplo: 

  • Hacerlo todo juntos: sin su espacio y autonomía, un adolescente se ahoga. Somos sus padres, no sus «colegas». Necesitan conocerse a sí mismos  en ese proceso, transformar su relación con nosotros. Si estamos siempre en medio, entorpeceremos un mecanismo que escapa de los adultos.
  • Nunca reírnos o burlarnos de sus cosas o apariencia física: los cambios fisiológicos van a pesar, y mucho, en el comportamiento y estabilidad emocional de los jóvenes. No debemos hace hincapié (ningún miembro de la familia) en aspectos negativos porque redundará en sufrimiento, reacciones negativas y hermetismo por su parte.
  • Evitar críticas y malos comentarios sobre sus amigos: son su círculo de confianza. Nos guste o no. Verter comentarios jocosos o maliciosos sobre ellos sería contraproducente para la comunicación entre padres e hijos e hijas. Podría crear distanciamiento, empujar al adolescente a un hermetismo emocional hacia sus progenitores, incluso encender su rebeldía.
  • Fuertes reprimendas delante de sus amigos: no echarles la bronca, gritarles o ponerles en evidencia enfrente de ese círculo de confianza suyo. El orgullo es un rasgo que comienza a forjarse en la adolescencia. Herirles de esa forma abriría una herida profunda en el ecosistema de confianza y respeto entre nosotros.
  • La mentira generalizada es la tumba de la confianza: las mentiras piadosas servían en la infancia (con mesura y coherencia), pero abusar de ellas cuando los hijos e hijas ya son adolescentes, es una arma de doble filo. Si la instauramos por decreto y ellos o ellas identifican esta conducta como un patrón, podemos decir adiós a una comunicación fluida y sincera en el seno de la familia.
  • Revelar un secreto que sólo te ha contado a ti: que un hijo o hija adolecente nos confiese un secreto solo a nosotros, ya supone todo un gesto de complicidad y confianza que no podemos echar por tierra revelándolo enseguida. Todo padre y madre desea ser el «confidente» de sus hijos e hijas en edad adolescente. Conseguirlo requiere años de comunicación positiva y educación integradora. Traicionar tal confianza sería todo un lamento de futuro para los padres.

Conclusiones

Cómo acompañar y tratar a un adolescente es una auténtico ejercicio de malabarismo emocional y comunicativo en los que padres y madres han de estar muy preparados/as para lidiar con todas las situaciones inimaginables. Ningún adolescente es igual, pero sí que comparten patrones que nos ha permitido a lo largo de años identificar modelos de comportamiento, de acción y respuesta, que nos ayudan en los años de educación en los que transcurre la adolescencia para llegar a la edad adulta “sanos y salvos” 🙂.

En la Universidad de Padres apoyamos a los padres y madres en su papel de educadores de por vida de sus hijos e hijas, y a través de nuestro curso online para mejorar la comunicación con los adolescentes  tutorizado por Juanjo Rabanal, trabajamos y blindamos los pilares de esa comunicación para fortalecer la relación familiar en casa.

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