La Fundación Educativa Universidad de Padres es un Centro de Investigación educativo dirigido por José Antonio Marina. Nuestro proyecto pedagógico y educativo está dirigido a padres y madres, como ayuda en el proceso educativo de sus hijos. Además se suman la investigación, la formación de docentes y otros profesionales y la elaboración de programas específicos para la prevención o el tratamiento de problemas educativos.
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Creatividad en familia

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La importancia de la creatividad está más que justificada; no hay más que ver la velocidad a la que cambian la sociedad y las tecnologías para darse cuenta de que hay que saber adaptarse al cambio. Y precisamente de esto va la creatividad. Ser creativo no solo es inventar el cubismo.

La creatividad es la capacidad de resolver problemas nuevos, o de enfrentarse a problemas viejos con nuevas estrategias.

 

Existe un tipo de creatividad cotidiana, la llamada “little creativity”, que trata de esto. De la forma y recursos que tenemos para afrontar los pequeños desafíos del día a día (en realidad,  ¿qué hay más cotidiano que los problemas?). Cuanto más creativos seamos –más flexibles, ingeniosos, más soluciones se nos ocurran, etc.- mejor armados estaremos para superar con éxito cualquier obstáculo que nos depare la vida, ya sea improvisar una receta de cocina o resolver un conflicto familiar.

En cuanto a los niños, si tenemos en cuenta que se ha previsto que el 70% de los bebés actuales tendrán empleos que ahora ni siquiera existen, y que la creatividad nos permite adaptarnos a las novedades, parece urgente y necesario desarrollar esta competencia. La mejor forma de hacerlo es que tanto la escuela como la familia colaboren en esta tarea.

Cómo fomentar la creatividad

En la UP tenemos muy presente el fomento de la creatividad, porque creemos que es un elemento clave en el desarrollo evolutivo de los niños, así como en el de los padres. Por eso os proponemos maneras sencillas y divertidas de practicar la creatividad en familia:

  • Ser modelos de creatividad. Si unos padres desean potenciar la creatividad en sus hijos, ellos son los primeros que deben intentar ser más creativos. En efecto, la creatividad se aprende en gran medida a través del ejemplo. Valorar la creatividad, interesarse por ella y, si es necesario, cambiar algún hábito para orientarse a una vida más creativa. Porque, sí, la creatividad es un hábito, y como tal, puede aprenderse.
  • La creatividad en el seno familiar está muy influida por el estilo parental, que debe ser flexible, no autoritario ni sobreprotector. La creatividad infantil requiere cierto margen de libertad, autonomía e independencia. ¿Cómo podría volverse más creativo un niño si sus padres le están diciendo qué hacer y cómo hacerlo en todo momento? O si le responden todas las preguntas. Muchas veces es más útil contestar a una pregunta con otra: “¿Por qué el cielo es azul, mamá?” “Qué buena pregunta, ¿tú por qué crees que puede ser?”. Plantear preguntas desafiantes, estimulantes.
  • No ser impositivos, aceptar que el niño pueda cuestionar. Para ser un progenitor creativo, hay que intentar ver las cosas desde otros puntos de vista, aceptar otras opiniones, estar abiertos, buscar siempre cosas nuevas o hacerlas de otra manera, aceptar el error, no tener miedo a equivocarse. Hay que intentar reducir las críticas y aumentar los comentarios positivos. Esto genera un entorno de seguridad y confianza, fundamental para el crecimiento del niño y de su creatividad. Los niños necesitan sentirse seguros y valorados para poder expresarse, ser originales, cuestionar, equivocarse, aburrirse…
  • Conocer sus talentos y reforzarlos. Si a papá le encantaría que Pedrito fuese futbolista, pero Pedrito prefiere aporrear todo lo que pilla a modo batería (y además tiene ritmo), será mejor potenciar eso. Pero cuidado, tampoco se trata de agobiar a los niños con actividades y cursos, porque esto puede generar jóvenes frustrados y aburridos. El fin no tiene por qué ser que Pedrito llegue a la Filarmónica, sino que desarrolle su creatividad y se divierta.
  • Jugar. El juego libre, imaginativo y no estructurado es esencial para el desarrollo infantil y de la creatividad. Está muy bien que los padres pasen tiempo jugando con sus hijos, pero participando en los juegos como un niño más, sin organizar el tiempo ni la actividad. Cuando están jugando, los niños están ensimismados; alcanzan un estado de concentración absoluta muy difícil de conseguir en otros momentos. No conviene que los pequeños tengan todo su ocio dirigido; conviene incluso que se aburran, para que sean ellos mismos quienes deciden a qué jugar. Esto potencia su autonomía, motivación intrínseca, creatividad e imaginación.

Ser creativo le será útil en todas las esferas de su vida.

Animar la creatividad

Realizar actividades creativas entre toda la familia: organizar una fiesta, cocinar con los niños, preparar un regalo para otra persona con manualidades, animarles a que se inventen sus propias historias…

  • Tiempo y oportunidad: exponer a los niños, desde edades tempranas, a la música y al arte. Contemplar cuadros y escuchar música con ellos. Una buena forma de pasar tiempo juntos es compartir actividades como teatros o conciertos familiares (existen hasta grupos de rock para niños), visitas a museos… Por ejemplo, los museos de ciencia son muy interactivos y garantizan un buen rato en familia, además de estimular la curiosidad infantil.
  • Espacios agradables y estimulantes: los hogares particularmente creativos presentan una serie de características que confieren un ambiente inspirador a cualquier rincón. Por ejemplo, se puede crear una “zona de la creatividad”, dedicar un espacio de la casa a colgar dibujos, permitir a los niños tomar alguna decisión sobre la decoración de su cuarto…
  • Sentido del humor, originalidad, cambiar las propias creencias. Olvida el “yo no sé dibujar”, “yo no sé bailar”, e inténtalo. Hacer algo creativo es un fin en sí mismo, no hay que pensar en términos resultadistas. Lo importante es disfrutar, y más si se hace en familia. Siéntete orgulloso de cosas que hayas creado, date un respiro de obligaciones, metas y propósitos. El estado de ánimo relajado favorece la creatividad.

Y, sobre todo, jugar, dejarse llevar, divertirse… en resumen, volver a ser un niño.

 

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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