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Distancia social y cercanía emocional ¿es posible?

La pandemia ha causado un fuerte impacto psicológico en todos nosotros. Quién iba a imaginar, hace apenas ocho meses, que no podríamos estar disfrutando con normalidad de nuestros amigos, de nuestra familia o de nuestros vecinos.

Las medidas sanitarias adoptadas para doblegar la COVID-19, esto es, la distancia social, el cierre de centros educativos, la dolorosa pérdida de seres queridos, las restricciones laborales y la pérdida de puestos de trabajo y el cambio repentino en los métodos de aprendizaje convencionales, han generado en nuestros hogares un importante desgaste emocional propiciado por el impacto de esta crisis sanitaria y el estrés, ansiedad y presión derivada de la misma.

A su vez, y relacionado con el cambio en los métodos de aprendizaje convencionales, nuestros hijos e hijas han sufrido un drástico cambio en sus rutinas escolares y en su manera de conectar y relacionarse con los demás.

Para abordar y contrarrestar la ansiedad social y la carga emocional que ha desatado este virus, es más necesario que nunca que los padres y madres estemos a la altura y demos nuestra mejor versión. Es necesario que seamos conscientes de que somos el principal y fundamental soporte emocional, afectivo y social de nuestros hijos y que somos fundamentales para su equilibrio emocional y su salud mental. Y para ello debemos combatir estas situaciones estresantes fortaleciéndonos desde la incertidumbre.

¿Cómo podemos fortalecernos desde la incertidumbre?

Para mitigar los efectos adversos del estrés y la ansiedad provocada por esta situación es fundamental generar un entorno familiar y un hogar que proteja y acompañe con amor y responsabilidad a los nuestros en su vida personal y social actual.

Por lo tanto, es de vital importancia que podamos generar en nuestro hogar un ambiente adecuado basado en estos tres pilares fundamentales:

  • Seguridad: Las madres y los padres somos una fuente de seguridad física y emocional para nuestros hijos. Desde ese punto de vista, tenemos que hacerles ver que contamos con ellos para superar esta difícil situación, que les vamos a necesitar y que son importante para nosotros y nosotras.
    Juntos, con su ayuda y en familia, podremos ayudarnos y asegurarnos que llevaremos a cabo todas las medidas de seguridad que nos indican las autoridades sanitarias, que nos podremos relacionar con otros miembros de la familia y seres queridos o amigos, siempre y cuando mantengamos la distancia social y nos pongamos la mascarilla de manera adecuada. Y como adultos referentes, responderemos a sus preguntas sobre la pandemia de manera simple y honesta.
  • Calma: También es necesario poder crear un ambiente en el que predomine la calma y la tranquilidad. Podemos realizar algunas actividades muy sencillas en el hogar que puedan bajar la intensidad desaforada, la ansiedad o el estrés en esta pandemia. Podemos jugar a relajarnos, podemos realizar sencillas meditaciones o técnicas de respiración que nos relajen y conecten con nosotros mismos. O podemos realizar actividades creativas que nos conecten con la música, la pintura, el teatro, etc. Debemos estar atentos en aquellos momentos en los que surgen conflictos o problemas en el hogar para crear unas rutinas o espacios para poder abordarlos desde la tranquilidad y con la intención de minimizarlos y solucionarlos empáticamente, desde la creatividad, el respeto y la no violencia ni castigo. Una idea interesante, entre muchas otras, es que podemos crear en casa un espacio en el que podamos desconectar y evitemos males mayores, para poder volver a resintonizar en favor de una mejor convivencia.
  • Conexión: por último, y no por ello menos importante, es fundamental que conectemos con nuestros hijos e hijas. Para ello debemos hacerlo desde el corazón y comunicar de manera eficaz y afectivamente. Ellos son maestros a la hora de leer las emociones de los adultos. Y nosotros y nosotras, como padres y madres, debemos estar en las emociones adecuadas para poder ayudarles y acompañar con calidad y calidez.
    El tiempo que les dediquemos debe ser de calidad y debe estar impregnado de emociones adecuadas que conecten con sus intereses y necesidades. Debemos, desde la curiosidad, validar las emociones de nuestros hijos e hijas e intentar acompañar para que sean autónomos, capaces y solucionen sus miedos y problemas con nuestra ayuda y acompañamiento respetuosos y sincero.
    Debemos enseñarles a pensar eficazmente desde la emoción adecuada consciente. Y quitarles el miedo a equivocarse. Aunque sean pequeños, o si son ya adolescentes, debemos valorar su lógica interior, sus necesidades y su esfuerzo en todo lo que intentan y hacen, valorando sus avances, aunque sean pocos, y alentando lo que son capaces de hacer y aportar.

Nuestros hijos necesitan pertenecer, que contemos con ellos y se sientan importantes dentro de la familia.

De todo esto se deduce que es fundamental que estemos a la altura de las circunstancias. Y como no puede ser de otra manera, los adultos debemos dar ejemplo a la hora de transmitir seguridad, tranquilidad, confianza, conexión y esperanza en que, juntos, lo superaremos. Y no nos resignaremos.
Lo relevante de verdad es aceptar la situación y comprometernos con nuestra familia en los malos momentos. Y en familia, juntos, lo podremos sobrellevar lo mejor posible si nos apoyamos, si nos ayudamos unos a otros, si nos respetamos y si nos cuidamos emocionalmente.

Es necesario que, como madres y padres, demos ejemplo y actuemos y nos relacionamos en casa con amabilidad y responsabilidad, desde la esperanza de que lo vamos a superar y teniendo en cuenta que esta pandemia puede ser una oportunidad para conectar y construir más y mejor familia.

Doctor en Psicopedagogía, experto en inteligencia emocional y certificado en Disciplina Positiva.

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