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Cómo educar a los niños a través de las tareas domésticas

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Una compañera, madre de dos niños, solía comentar que sus hijos, desde bien pequeños (con 3 o 4 años) ya hacían sus camas y alguna que otra tarea doméstica. Daba igual que lo hicieran regular y después tuvieran que ir ella o su marido a rematar la tarea. Lo importante era el aprendizaje de la responsabilidad, las rutinas y la concienciación de que la familia es un equipo en el que todos tienen que colaborar. Pero es que, además, a los niños les gustaba sentirse útiles; eran conscientes de sus quehaceres y los realizaban sin problemas. Sin embargo, mi compañera decía asombrada que mucha gente, al oír esto, exclamaba:

“¡Pobrecitos, con lo pequeños que son!, “Ya lo harán cuando sean más mayores, ahora solo tienen que jugar”.

Pues, de hecho, para estos niños, estirar el nórdico por las mañanas era precisamente eso, un juego, una imitación de lo que hacen los mayores, que poco a poco se fue convirtiendo en rutina.

Recientemente he vuelto a saber de otra madre criticada por el mismo motivo.

Beneficios de colaborar en las tareas domésticas

Por otro lado, no son demasiado pequeños, ni el momento de aprender esas cosas es “cuando sean mayores” (¿cuándo es eso?), sino que es ahora. Cuanto antes impliquemos a los peques en las tareas domésticas, mejor. Es mucho lo que ellos pueden hacer, aunque nos parezcan torpes y lentos. No se persigue la eficacia doméstica, sino el aprendizaje, las destrezas como la responsabilidad, la planificación, la colaboración, la adquisición de hábitos y la interiorización de estos comportamientos.

Además, estaremos fomentando su autonomía; ese sueño dorado de la infancia que tanto se ha difuminado a día de hoy. En los últimos años estamos viendo cómo numerosos expertos y publicaciones nos advierten de las consecuencias negativas de sobreproteger a los hijos y darles todo hecho.

¿Cómo queremos educar a nuestro hijos e hijas?

La ecuación es sencilla: no podemos esperar que una persona (y menos un niño o un adolescente) comience de repente a hacer algo que nunca ha hecho, ni se le ha pedido ni enseñado. Es decir, que difícilmente un buen día Marquitos se levantará y se pondrá a pasar la aspiradora y a recoger el desayuno…  Los niños no son seres frágiles, débiles e indefensos. Tienen más capacidades de las que muchas veces admitimos o sabemos ver. Los infantilizamos y empequeñecemos innecesariamente, privándoles de un correcto desarrollo, evitándoles toda responsabilidad y retrasando su independencia. Se empieza a hablar, incluso, de que los niños que realizan tareas de casa son adultos más exitosos.

¿Quién hace qué en casa?

El hogar es un importante foco de aprendizaje tanto de los estereotipos como de su superación. Las cosas están cambiando, pero todavía existen roles masculino y femenino en cuanto a las tareas que cada uno debe desempeñar en el hogar. Para no contribuir más al concepto erróneo de “tareas de niño – tareas de niña” hay que educar desde el principio en la igualdad, a través de dos caminos:

  • Lo que ven: ambos progenitores deben participar en las tareas domésticas.
  • Lo que hacen: las diferentes obligaciones de los hijos deben estar en función de factores como la edad o la capacidad, pero no el sexo. Si siempre pides a tu hija que te ayude en la cocina, su hermano no sólo no aprenderá a hacerlo sino que terminará viéndolo como una obligación inherente al sexo femenino y de la que él, por tanto, está excluido.

Compartimos esta tabla para enseñar a nuestras hijas e hijos a colaborar en las tareas de la casa.  Muchos adultos se sorprenderán al ver desde qué edades tan tempranas pueden ya realizar importantes contribuciones:


La clave está en ir dándoles pequeñas responsabilidades y ser consistentes a lo largo del tiempo, para que ellos vayan adquiriendo hábitos saludables que les beneficiarán a largo plazo. Hacer que los hijos sean felices no es darles todo lo que piden, ni evitarles frustraciones ni responsabilidad. Es también exigirles, hacer que confíen en ellos mismos y que sean capaces de realizar las tareas que les deparen sus trabajos o su propios emprendimiento.

 

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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