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Elaborar el duelo en familia

el duelo_niño mirando por la ventana

Solo las personas que son capaces de amar intensamente pueden sufrir un gran dolor, pero esta necesidad de amar sirve también para contrarrestar su dolor. (Tolstoy)

Como sobrellevar el duelo

Entendemos por duelo el proceso de aceptación de cualquier pérdida importante, como un fallecimiento o enfermedad grave de un ser querido, una ruptura amorosa o incluso la pérdida de un empleo. Nos vamos a centrar en el primero de los casos y en cómo gestionarlo con niños. Elaborar el duelo consiste en conseguir que las emociones que acompañan a la muerte del ser querido vayan perdiendo fuerza y nos permitan recuperar el interés por vivir.

La elaboración de un duelo puede estar condicionada por la forma en que se ha producido el fallecimiento, y en estos momentos que vivimos, la elaboración del duelo se puede hacer especialmente complicada por los siguientes motivos: 

  • La mayoría de las familias que han perdido a un familiar durante esta crisis no ha podido despedirse de la persona fallecida 
  • Además de esto, los momentos tras de la muerte hay que pasarlos en un estado de confinamiento, que ya de por sí puede generar un grado de estrés elevado.
  • A esto se suma en muchos casos una preocupación por la situación económica en la familia.

Desde la Universidad de Padres queremos proponer una serie de recomendaciones para elaborar el duelo de la mejor forma en familia.

Consejos para elaborar el duelo

Entendemos por duelo el proceso de aceptación de cualquier pérdida importante, como un fallecimiento o enfermedad grave de un ser querido, una ruptura amorosa o incluso la pérdida de un empleo. Nos vamos a centrar en el primero de los casos y en cómo gestionarlo con niños. Elaborar el duelo consiste en conseguir que las emociones que acompañan a la muerte del ser querido vayan perdiendo fuerza y nos permitan recuperar el interés por vivir.

  • Intentar rebajar la activación emocional excesiva practicando algún ejercicio de respiración para calmarnos.
  • Elaborar una lista con las prioridades para el autocuidado. Intentar centrarse en aquello que haga sentir mejor y posponer aquello que no sea urgente. 
  • Aceptar que lo que sentimos es normal por la muerte y la forma como se ha producido. Aceptar e identificar las propias emociones es el primer paso para poder gestionarlas y regularlas más adelante. 
  • En estas circunstancias, el sentimiento de culpa puede presentarse por pensar que se ha abandonado al ser querido. Es muy posible que ese sentimiento tarde en desaparecer, pero si se siente en estos momentos conviene expresarlo y hablarlo. También puede ocurrir que sea tan doloroso, que en este momento se niegue, pero podría surgir más adelante. En cualquier caso, conviene respetar el ritmo que tiene cada uno. 
  • Procurar darse cuenta de los pensamientos que llevan a perdernos en aquello que realmente nos sabemos pero nos angustia más. Por ejemplo, pensar que murió sin que nadie estuviera con el ser querido. Es posible que la acompañara un médico o un enfermero. Cuando identifiquemos estos pensamientos conviene intentar frenarlos. (Al principio puede costar bastante hacerlo).
  • Para poder empezar a darse cuenta que el fallecido ya no está puede ayudar hacer algún tipo de ceremonia en casa con las personas con las que se esté conviviendo. También se puede organizar algún acto de despedida on line con alguna herramienta usada para las videoconferencias. Esto permite reunir a los seres queridos y familiares. No conviene excluir de  este tipo de ceremonias  a los niños y adolescentes salvo que estos expresen su deseo de no estar presentes. 

Apoyarnos en los amigos y la familia para expresar lo que sentimos. En la familia debemos respetar la forma de expresar el dolor de cada uno. 

Gestionar el duelo por edades

  • Los niños menores de cinco años pueden tener alguna dificultad para comprender la irreversibilidad de la muerte. Conviene adaptar nuestra explicación a su capacidad de entender la situación, pero hablando con ellos de forma directa y no tener miedo a expresar la tristeza por parte de los padres. Si ven que los padres expresan tristeza lo verán como algo más natural y podrán expresar también la suya. 
  • A partir de los seis o siete años ya comprenden la muerte como algo irreversible pero todavía no entran en contacto con su propia muerte.
  • Poco a poco, los niños entre 7 y 10 años van entendiendo que si una persona ha muerto, cualquiera puede morir, incluidos sus padres y ellos mismos. 
  • En la adolescencia comprenden la muerte como un adulto pero a lo mejor expresan sus emociones de tristeza con ira y pueden preferir hablar con los amigos para canalizar su emoción. 

Si hemos de afrontar la muerte de un familiar, debemos explicarlo a los niños y adolescentes de una manera sencilla, natural y con mucho cariño, haciéndoles saber que cuentan con nuestro amor y apoyo. Que estamos a su lado y compartimos su dolor. Es necesario expresar el dolor.

Por ejemplo, el dibujo es una excelente herramienta para hacerlo, o la escritura de cartas o poemas si son más mayores. 

Evitemos emplear eufemismos para referirnos a la muerte. Los niños más pequeños los toman en sentido literal, por lo que si les decimos que la persona fallecida “se ha dormido para siempre”, “se ha ido al cielo” o “la hemos perdido”, pueden desarrollar miedos a irse a dormir, a perderse o a que “desaparezcan” los demás miembros de la familia, querer subir también ellos al cielo, etc. Por otro lado, dada esta tendencia literal, al explicar que alguien ha muerto a causa de una enfermedad o de su avanzada edad, se recomienda hacer énfasis en el “muy”: “estaba muy, muy, muy, muy enfermo”, “era muy, muy, muy mayor”. 

En todo caso, es mejor no apartarlos de esta situación difícil con idea de protegerlos. Sentirse desplazados o excluidos aumenta su dolor. Aunque no les digamos nada, ellos perciben que algo pasa. Si nadie les explica nada, van a recurrir a su propia especulación y fantasía, lo que aumenta su miedo, angustia y confusión.

Elaborar el duelo en familia puede ser de gran ayuda para todos los miembros si se respetan los ritmos y los momentos de cada uno.

Tutor de la Universidad de padres. Psicologo especialista en preadolescencia y adolescencia. Tiene consulta privada y trabaja como orientador en colegios de Madrid.

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