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Entrevista a un libro: Mi vida por un like

En la Universidad de Padres  nos interesamos por las tecnologías y su impacto en las familias. Intentamos buscar un enfoque positivo, fomentando su uso responsable y creativo. Hoy entrevistamos a un libro que ahonda en la relación de los adolescentes con las redes sociales. Se titula “Mi vida por un like” y está escrito por el periodista David Ruipérez.

Actualmente existe mucha preocupación en las familias a causa de las nuevas tecnologías y las redes sociales. ¿Qué van a encontrar en ti los padres que te lean?

Me considero un libro sencillo y accesible, al alcance de todo el mundo. Creo que hay que hablar de forma cercana sobre la tecnología, porque es importante que los padres y madres entiendan bien el fenómeno de las redes para poder guiar a sus hijos en su nueva vida social. Por otro lado, una reflexión sobre tu pregunta: la expresión “nuevas tecnologías”, ¿hasta cuándo va a durar?, ¿hasta cuándo podemos etiquetar de “nuevas” ciertas herramientas? Creo que tenemos que cambiar el chip y asumir que ciertas tecnologías están completamente instaladas en nuestras vidas, y mucho más en las de nuestros hijos.

Pones muchos ejemplos y explicas gran cantidad de usos, comportamientos y tendencias actuales que a los adultos nos cuesta entender. ¿Se ha acentuado la brecha generacional?

Siempre se ha dado el fenómeno de que una generación no comprende bien a la siguiente. Todos hemos oído eso de que “en mis tiempos…”. Los padres no suelen compartir muchas de las cosas que hacen sus hijos: su forma de vestir, de divertirse, de hablar, etc. Lo que pasa es que ahora estos cambios ya no suceden de una generación a otra sino mucho más rápido, lo que nos hace sentirnos más perdidos que en otros momentos de la historia.

Sin embargo, lo que quiero poner de manifiesto es que las redes sociales no han creado costumbres nuevas. En el mundo digital no se hace nada que no se hiciera previamente. Lo que pasa es que esos comportamientos se expanden ahora hasta límites insospechados. Antes de los teléfonos inteligentes también se tomaban y enseñaban fotos de vacaciones y eventos, se compartían canciones, se recomendaban películas y libros, se difundían opiniones o causas sociales e incluso los amigos se reunían para jugar con la videoconsola y, mientras unos jugaban, el resto los miraban jugar y comentaban las partidas.

En el fondo, todas estas conductas persiguen lo mismo: provocar una reacción en los otros. Se busca la aprobación, gustar, encajar. La aceptación social es una necesidad básica del ser humano, que todos tenemos y que con la tecnología se satisface de un modo tan inmediato que puede derivar en obsesión.

 Los “me gusta” son una forma de aceptación, de refuerzo positivo o de recompensa emocional

¿Cómo pueden gestionar esto los padres?

Controlar todo esto es complicado porque es muy adictivo. Algunos padres piensan, equivocadamente, que sus hijos tienen capacidad de autorregulación. Esto no es así; los niños son incapaces de regular por sí solos algo que les produce tanto placer. Ellos no son conscientes de si hacen un uso equilibrado de las pantallas o no. De hecho, la capacidad de autorregularse es uno de los principales y más arduos aprendizajes de la infancia y la adolescencia. Y son los padres quienes la tienen que enseñar.

Los adultos deben tener claro esto y entender el porqué. Conocer el medio, sus protagonistas, sus peculiaridades. Por eso me esfuerzo en hacer pedagogía sobre los distintos tipos de redes, en qué consisten, quiénes son sus máximos exponentes y qué es lo que hacen. Otro dato fundamental que hay que saber es la edad mínima legal de cada red social. Esto puede evitar que los menores hagan un uso indebido de las mismas. Pero para eso, los padres tienen que estar atentos e informados.

¿Por qué las redes sociales son el ecosistema perfecto para un adolescente?

La principal razón es porque internet es un entorno que facilita mucho ciertas conductas características y necesarias en esa etapa de la vida, como:

  • Exploración y experimentación de la identidad
  • Intimidad y pertenencia
  • Separación de los padres y de la familia
  • Desahogo ante la frustración.

Una gran cantidad de niños y adolescentes dicen que quieren ser youtubers o influencers. ¿Algún consejo para sus padres?

Los más jóvenes comenten el error de pensar que se pueden forrar si hacen lo mismo que sus ídolos. En realidad, hay un porcentaje minúsculo de jóvenes que se han hecho millonarios gracias a las redes. La mayoría no viven de ello y, como mucho, sacan un complemento, un dinero extra. El siguiente error es pensar que lo único que hacen es ponerse delante de una cámara. Por eso yo aconsejo dejarles que lo intenten, que comprueben todo lo que requiere: originalidad, desparpajo, tener algo que contar, saber comunicar, tiempo, dedicación continua, renovar los contenidos, conocimientos de edición de vídeo o foto, inversión en equipo…  Así aprenderán por sí mismos que no es algo tan fácil y verán si están dispuestos a intentarlo, con todo lo que implica, o no. Hacer un uso creativo de la tecnología puede ser muy positivo.

 “La clave reside en si niños de 10 o 12 años son capaces de distinguir la información fiable y de calidad entre un montón cuando una parte importante de los adultos no lo consigue al leer la prensa o ver la televisión”.

Para terminar, ¿qué aspectos debemos cultivar en familia para hacer un buen uso de las herramientas digitales?

Sobre todo, tenemos que insistir en la importancia de la intimidad, desarrollar una buena autoestima independiente de los me gusta, tener sentido crítico y transmitirlo y ser los primeros que hagamos buen uso de las redes sociales.

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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