La Fundación Educativa Universidad de Padres es un Centro de Investigación educativo dirigido por José Antonio Marina. Nuestro proyecto pedagógico y educativo está dirigido a padres y madres, como ayuda en el proceso educativo de sus hijos. Además se suman la investigación, la formación de docentes y otros profesionales y la elaboración de programas específicos para la prevención o el tratamiento de problemas educativos.
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¿Etiquetas? No, gracias

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“Pero mira que eres egoísta, nunca compartes nada”.

“Siempre tan obediente”.

“No lleves los platos, que tú eres muy torpe”.

“La quejica de la familia”…

¿Habéis escuchado o pronunciado este tipo de frases alguna vez? Son comentarios que nos salen sin pensar, que la mayoría de padres dirige a sus hijos para tratar de corregir ciertas conductas -o bien para elogiar- y sin mala intención. El problema es que con ellos están encasillando a sus pequeños, colocándoles una etiqueta muy difícil de borrar. El psicólogo Alberto Soler lo compara, en este vídeo, con las etiquetas de los botes de conservas. Es muy fácil pegarlas, pero no tanto quitarlas.

 

Con una simple palabra, mirada o tono de voz, podemos transmitir a un niño que es de una determinada manera. La visión que los niños desarrollan de sí mismos, en la primera infancia sobre todo, se ve muy condicionada por lo que, como padres, les transmitimos.

Y no solo va a afectar esta visión a sus sentimientos o a su autoestima, sino a su conducta.

Interviene aquí un fenómeno conocido como “efecto Pigmalión”, que se aplicó a la educación en un famoso experimento de los años 60. Unos cuantos profesores fueron las cobayas: se les dijo que iban a dar clase a unos alumnos excelentes, de gran potencial intelectual y que en realidad fueron escogidos al azar. Los docentes se crearon altas expectativas sobre ellos, que se tradujeron en cierta forma de tratarlos y dirigirse a ellos. Al final del experimento, estos alumnos mostraron, en efecto, un desarrollo intelectual superior y puntuaciones más altas en los test que el resto de compañeros sobre los que no se había dicho nada especial a los profesores, debido a esta diferencia de trato motivada por las expectativas. De manera que lo que esperamos de los demás puede, en cierto modo, condicionar su desempeño. Se cumple también la llamada “profecía autocumplida”, es decir, algo que acaba sucediendo a fuerza de anticiparlo.

Es positivo confiar y tener buenas perspectivas sobre los niños, pero con cuidado.

Sin presiones, sin límites, sin miedos

Es también posible que, si constantemente reprochamos a una niña o niño que es desobediente, por ejemplo, o que es un vago, acabe interiorizando esas etiquetas; asume que es así y tiende a reproducir ese comportamiento. Al fin y al cabo, es lo que se espera de él o ella. No solo son perjudiciales las etiquetas negativas incluso las aparentemente buenas como la obediencia, la capacidad de estudio o sacar buenas notas pueden ser desfavorables. Los niños llegan a pensar que sus padres solo les valoran por eso, se sienten sometidos a presión y pueden sufrir ansiedad por el temor a decepcionarlos.

Al poner etiquetas a los chicos les trasladamos creencias limitantes, porque sin darnos cuenta les decimos que ellos son así y punto; que esa conducta es lo que les define. Se anula la posibilidad de cambio y mejora. Los pequeños interiorizan su sambenito y repiten el comportamiento.

Evitemos el uso de etiquetas

Lo peor es que los adultos contemos este error sin darnos cuenta ni ser conscientes de las repercusiones. Por eso nos parece importante advertirlo. Tenemos que pensar bien antes de dirigirnos a los niños y cuidar nuestra forma tanto de elogiar como de criticar. Os ofrecemos dos consejos muy útiles a tener en cuenta:

  • Evitar los mensajes “siempre/nunca”: nunca me ayudas, nunca obedeces, siempre estás llorando, siempre te portas mal… Porque transmiten una idea falsa de inevitabilidad y generan una aceptación pasiva. Es mejor aludir a cada caso concreto.
  • Al realizar una crítica o elogio, referirnos siempre a los comportamientos concretos, a la conducta o hecho, nunca a la persona. En lugar de “Qué bueno y obediente eres”: “Estoy muy contenta porque has recogido tu habitación tú sola, como te pedí”. O, en vez de “Eres muy malo, siempre te portas mal”, aludir explícitamente al comportamiento concreto que ha hecho mal (pegar, desobedecer, mentir…), explicar por qué eso está mal y pedir que no lo vuelva a repetir.

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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