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Familia y coronavirus

Familia y coronavirus

Confinamiento, coronavirus, familia… ¡Qué difíciles han sido estos meses! Y, al mismo tiempo, cuántas oportunidades de transformación personal y familiar.

Confinamiento en familia

A todos nos ha pillado por sorpresa todo esto. Tiempo de incertidumbre, de falta de respuestas que, en algunas ocasiones, nos habrán replegado en ese miedo que paraliza y nos devuelve a nuestras inseguridades. Pero también nos hemos sobrepuesto, reaccionando con fuerza y creatividad. Porque cuando aterrizamos en la cotidianidad del día a día, en la dureza del confinamiento, las distancias, los silencios… toca reinventar la formas de educar, cuidar, sanar, disfrutar las maneras de estar juntos. Hemos tenido que aprender a conjugar familia y coronavirus.

Lo más probable es que ninguno habíamos tenido la posibilidad de compartir tanto tiempo con nuestras familias y esto en sí mismo ya ha sido una oportunidad. Oportunidad para, simplemente, estar, para ser, para compartir, para discutir y confrontar, pero al final, oportunidad.

Si hay algo claro, es que todos los padres quieren lo mejor para sus hijos y, en este tiempo, han hecho todo lo posible para cuidar, hacia dentro, en casa, solos, lo más importante de sus vidas. Y es que el amor en casa es el de las pequeñas cosas: leer por enésima vez ese cuento, preparar su comida favorita, hacer videollamadas con amigos y familiares, acompañarle en sus tareas escolares… sin olvidar el famoso teletrabajo.

Después del confinamiento

Ahora dicen que toca el tiempo de la “nueva normalidad”, que no es más que seguir viviendo con la COVID 19, el nuevo miembro de la familia que ha venido para quedarse temporalmente, y a la vez, ser capaces de recoger con agradecimiento todo lo vivido en este tiempo “de puertas para adentro”.  Esto significa, por un lado, reconocer todas las dificultades que hemos tenido con el coronavirus en familia, lo mal que lo hemos pasado en los momentos más duros, que a veces hemos tirado la toalla, que hemos gritado, nos hemos enfadado y peleado. Pero también reconocer que no nos hemos rendido, que hemos seguido hacia delante, alentando y acompañando, cuidando de nuestras familias, superando juntos, con la esperanza de que todo iba a mejorar.

Momento de reconocer también a nuestros hijos el esfuerzo que han hecho y el ejemplo que nos han dado en muchos momentos, tampoco ha sido fácil para ellos. Nos han dado una lección de buen comportamiento y adaptación.

Un niño puede enseñar siempre tres cosas a un adulto:  a ponerse contento sin motivo, a estar siempre ocupado en algo, a exigir con todas sus fuerzas aquéllo que desea

Paulo Coelho

Pero, sobre todo, toca el tiempo de felicitarnos, de valorarnos todos los esfuerzos, aciertos y poder celebrar, también juntos, en este nuevo espacio de descanso que nos trae el verano. Nunca se deja de ser padre o madre, pero sí podemos hacer el intento de cambiar un poco el “chip”, y poner fin a ciertas dinámicas que se han generado en el confinamiento en la familia. Aunque hayamos estado en casa, no hemos estado de vacaciones. Los hijos también necesitan ese DESCANSO y poder DISFRUTAR de la familia en otros contextos de ocio y tiempo libre.

Niños saltando al agua

Puede parecernos que las vacaciones son “más de lo mismo”, pero puede ser un buen momento para hacer conversación en familia, poder expresarnos e incluso frivolizar recordando algunos de esos momentos que vivimos con tanta intensidad. Es tiempo de cierta DESCONEXIÓN virtual, pero de conexión social, de seguir cuidando y cuidándonos en el descanso, tiempo de renovar energías y disfrutar de las pequeñas cosas, allí donde podamos pasar este verano.

Ojala, septiembre sea realmente un tiempo nuevo para todos y podamos afrontar el nuevo curso con ilusión y alegría.

¡Feliz verano!

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