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Familia y profesores. ¿Educando juntos?

Ser un padre o madre comprometido con la educación de nuestros hijos no es fácil. Nos enfrentamos a infinidad de dificultades que nos llegan desde diferentes frentes. En ocasiones, las encontramos en casa, como por ejemplo la falta de tiempo para estar con los niños, o que no les apetece si empezamos con frases como «vamos a ver qué deberes tienes del cole». Todos sabemos que la palabra «deber» no es algo que motive.

Otras veces, las dificultades pueden venir desde el propio colegio. Es habitual encontrar quejas sobre la carga de deberes, o que siempre nos llaman para decirnos lo mismo en las reuniones, por no hablar de esas situaciones en las que los profesores nos empeñamos en hablar con un lenguaje que a las familias les resulta difícil de entender:

«Los resultados de su hijo nos muestran que no ha alcanzado los objetivos mínimos de nuestra PA, lo que sumado a los bajos resultados en sus rúbricas nos llevan a plantearnos una modificación no significativa a nivel metodológico que reflejaremos en el PAT, en la PA y que centraremos en el desarrollo competencial».

En definitiva, que los maestros a veces nos explicamos como libros cerrados.

Y esto, ¿cómo lo solucionamos?

Las familias sois agentes educativos tan importantes como los maestros. Esto se reconoce en el concepto de «Comunidad Educativa», del que forman parte fundamental los maestros, los alumnos y también las familias.

Las escuelas deberían ser espacios abiertos en los que toda la comunidad educativa participase de forma activa, con implicación. Las familias, además de participar en las asociaciones de madres y padres (AMPAS), o además de tener representación en los consejos escolares, deben ser parte activa en la educación de sus hijos. No se puede reducir a ser los que supervisan los deberes de los alumnos, ni los que repasan con ellos los contenidos para preparar un examen. Implicar a las familias es también hacerles partícipes en los proyectos que plantean los maestros, invitarles a participar en la propia clase, dentro de clase, aunque sea por videoconferencia ahora, dadas las circunstancias actuales. Este modelo de participación de las familias se llama «participación educativa», y el informe Includ-Ed (Actuaciones de éxito en las escuelas europeas) ya demostró, en 2006, que era el modelo de participación de las familias más beneficioso para la mejora de la educación.

Las familias poseen grandes conocimientos que los maestros debemos aprovechar, y pueden asumir diferentes roles en el aula, mediante la codocencia, como colaboradores en los grupos de trabajo cooperativo, como observadores con una hoja de registro, y de mil formas más.

La crisis del coronavirus nos ha demostrado que debemos fortalecer esa alianza entre docentes y familias. Las escuelas que mantenían vínculos colaborativos con los padres son las que han podido reaccionar mejor ante el confinamiento, y son las escuelas en las que los alumnos mejor han seguido sus procesos educativos.

La participación de las familias no es una necesidad, es una obligación.

¿Qué necesitamos para mejorar la participación educativa de las familias?

No es un proceso sencillo, pero es algo que logramos si utilizamos unos cimientos sólidos. Lo primero que debemos conseguir es una comunicación efectiva, sincera y bidireccional. Toda relación debe empezar por la comunicación, la cual nunca debe ser dañina, sino una comunicación eficaz, acorde a la era en la que vivimos, rápida, efectiva, y a su vez sincera y constructiva. Los docentes debemos saber aceptar críticas constructivas a nuestra labor, debemos comprender que una familia no entienda lo que su hijo hace si ellos no aprendieron con ABN. Y las familias también necesitan aprender nuevas formas para comunicarse con los maestros.

Un segundo pilar, si queremos apoyar educativamente a nuestros hijos y ser partícipes de sus aprendizajes es saber qué hacen en el aula. Hoy en día enseñamos de manera muy diferente algunas cosas. Hace 30 años la resta se enseñaba de forma diferente, o la división. Antes no se usaban técnicas como «veo, pienso, me pregunto, muestro», aprendizaje basado en proyectos o gamificación. Conocer lo que aprenden hará que encontremos sentido a situaciones como “¿Qué has hecho hoy en el cole? Hemos estado jugando en clase”.

Y finalmente, una vez conocemos lo que están aprendiendo, conocemos algunos de los métodos que usan, y contamos con una buena comunicación con los profesores, podremos empezar a ser parte activa de ese aprendizaje. Podremos crear experiencias de aprendizaje en nuestro día a día, como convertirnos en buscadores de sustantivos en un pasillo del supermercado, por ejemplo. Y el último gran paso, podremos proponerle a los maestros algún tipo de proyecto en el que nosotros podamos aportar algo valioso a lo que aprenden en clase, incluso participar presencialmente o por videoconferencia.

¿Y si el profe no quiere?

Muchas veces los maestros tienen miedo, dejar que otra persona entre en su clase les saca de su zona de confort. Pueden sentirse cuestionados, o incomprendidos. Ese miedo no les deja darse cuenta de la gran oportunidad que supone implicar en las aulas a las familias, ya que el aprendizaje crece, y la motivación de los alumnos también. Se crean experiencias de aprendizaje significativo para los niños, y lo que hacemos en clase muchas veces es mejor comprendido por las familias.

Para esos maestros «ateos en la confianza con sus familias» escribimos el libro Escuela y familia: misión imposible, publicado por Ediciones KHAF, en el que los profesores y las familias pueden encontrar 27 proyectos educativos, desde Infantil hasta Secundaria, para implicar a los padres. Se trata de un libro escrito por 28 grandes docentes de España y Latinoamérica en el que se desarrollan proyectos de aprendizaje servicio, gamificación, ABP y que además se pueden llevar a la práctica en cualquier centro educativo.

Aún así, podemos encontrarnos con un absoluto negacionista. No hay problema, los padres siempre podemos apoyar esa educación, crear pequeñas experiencias de aprendizaje en el hogar, y compartirlas con el maestro, aunque este último no se atreva a dar el paso final e invitar a los padres a participar en la clase. De esa manera estaremos creando esa auténtica comunidad educativa en la que la educación es un continuo entre la escuela y la familia, porque todos sabemos que:

«Para educar a un niño hace falta la tribu entera».

 

2° mejor docente de España, 2019, en Primaria. Formador y conferenciante TEDx. Autor del libro "Escuela y familia: misión imposible".

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