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Familias reconstituidas, cómo manejar las emociones

Dentro de pocas semanas, con la llegada de las vacaciones de Navidad, muchos padres o madres separados o divorciados compartirán las vacaciones con sus hijos. A muchos de ellos, vinculados a nuevas relaciones, se les planteará el dilema de tener que hablarles de su nueva pareja e, incluso, de compartir momentos cotidianos de ocio o convivencia juntos. En estos casos: ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a que la acepten y, asimismo, cómo lograr que nuestra pareja los acepte a ellos y se generen relaciones positivas?

Todos conocemos o formamos parte de alguna familia reconstituida en nuestro entorno cercano.Tras una separación o divorcio, se establecen nuevas  relaciones de pareja (con o sin hijos propios, que incorporan o no al nuevo hogar), y que luego pueden incluso tener algún hijo común de esa nueva relación. Este modelo de familia puede presentar alguna complejidad porque desafía la lógica de la familia que hasta hace unos años era la “tradicional” lo que nos hace hace reflexionar en algunos temas como la exclusividad de los padres y madres biológicos, los roles de los progenitores y de las nuevas figuras parentales, los estilos de educar y la coherencia, cohesión y convivencia del nuevo grupo familiar.

La nueva pareja del progenitor o progenitora forma parte de un nuevo escenario de convivencia en el hogar sin que, generalmente, los hijos hayan roto los vínculos afectivos con el padre o la madre biológica que, por supuesto,  no convive en este nuevo espacio. A partir de aquí, la nueva familia tendrá que aprender en poco tiempo a asumir la pérdida, el duelo por la pérdida o alejamiento de un ser querido, los nuevos cambios, saber adaptarse, reestructurar su vida cotidiana y buscar una razonable armonía relacional entre todos los miembros porque dada su complejidad la hace más inestable que las anteriores familias nucleares.

Antes de iniciar cualquier nueva relación amorosa deberíamos tener en cuenta el nivel adecuado de conocimiento, comprensión, respeto y compromiso que estableceremos. De aquí que sea preciso mantener una actitud afectiva y progresiva : “Si quieres a una persona, quiere también a quienes ella más quiera: sus hijos”.

En este contexto cabría preguntarse: ¿Quién ejerce las funciones parentales cotidianas que implican cuidados, crianza, protección, educación y socialización? ¿Quién asume las obligaciones necesarias para transmitir normas y valores, hábitos y conductas de forma corresponsable: la madre biológica y/o su cónyuge en sus nuevas funciones de padre? ¿Qué papel educativo tiene con respecto a sus propios hijos el padre biológico ausente? ¿Qué relaciones equitativas pueden establecerse entre los nuevos “hermanos” no biológicos?


Pactar las normas de educación y no usurpar nunca el papel del otro, son pautas a seguir para no naufragar


Algunos autores han establecido el término de “constelación familiar” para explicar las unidades residenciales y familiares, implicadas en la relación parental de todos los días y la parte parental de fin de semana. La constelación familiar expresa las vinculaciones y la compleja red de relaciones establecidas en estas situaciones. Cada miembro aporta su visión particular y su lugar en esta nueva composición.

Sean hijos del padre o de la madre, la familia reconstituida tiene un reto para generar autoestima familiar, y un nuevo modelo de convivencia armoniosa que debe comenzar por una cuidadosa relación de pareja y que exige mucha atención a todos los miembros y al conjunto. Por todo eso es aconsejable :

Ser conscientes de los sentimientos de pérdida y cambio en los hijos y crear una dinámica familiar de equipo

  • Tener presente el proceso de pérdida y duelo por la separación anterior, para darle tiempo a procesarlo, ser respetuoso con los sentimientos de los hijos ajenos.
  • Los padres/madres no deben hablar en contra de sus ex maridos/mujeres ante los niños. Su actitud debe ser conciliadora y fomentar -en la medida en que se pueda- la comunicación y el contacto entre ellos.
  • Realizar un progresivo acercamiento a los hijos de la nueva pareja por parte del nuevo miembro sólo en el caso de que la relación afectiva entre ambos se haya hecho estable, alejada en lo posible en el tiempo en que se produjo la separación de sus padres biológicos, teniendo paciencia con sus reservas y haciéndose poco a poco merecedor de su confianza.
  • Acordar unos criterios previos antes de crear un nuevo núcleo familiar sobre bases sólidas, que partan de acordar dónde vivir y cómo compartir el dinero.
  • Establecer criterios para convivir, anticipándose con ello a futuras situaciones: fijar roles, funciones, listado de normas y reglas familiares, especialmente con respecto a la crianza de los hijos del nuevo cónyuge.
  • Cuidar mucho la relación de pareja.

Los adultos debemos adoptar un punto de vista normalizado y positivo y evitando los roces y conflictos en lo posible. El reto mantenido será ir creando el sentido de pertenencia a una nueva familia, integrando y buscando puntos de unión entre cada uno de los miembros, a través de actividades comunes, viajes, confidencias, etc. Haciendo que la relación entre familia biológica y reconstituida sea lo más fluida posible.

Mantener una actitud respetuosa

  • El nuevo cónyuge ha de mantener un respeto expreso al progenitor que no convive en el hogar y reconocer la función parental irrenunciable de aquel, evitando todo tipo de comentarios negativos ante los hijos.
  •  El nuevo cónyuge debe saber mantener una actitud amistosa, mediante la que pueda ir ganándose, poco a poco, la confianza de los niños con el objetivo de crear un nuevo vínculo.
  • En general, suele ser contraproducente que ejerza la autoridad o la imposición como sustituto en funciones del padre/madre ausente, hasta que la autoridad moral de la nueva figura parental emane del convencimiento personal y del consenso familiar.
  • En el caso de que se den conflictos graves, es más adecuado que intervenga el progenitor para evitar que la acción del nuevo cónyuge no sea vista como una intromisión por parte del niño y esto pueda desembocar en más problemas.

Cuidar la inteligencia emocional y social de la familia

  • Evitar sentimientos de culpa en los cónyuges que favorezcan el caer en la permisividad como modo de compensación hacia los hijos. Es fundamental tomar conciencia de ello y buscar medios alternativos más adaptativos.
  • Facilitar una buena expresión emocional, escucha activa, fluida comunicación y un gran apoyo entre todos sus miembros en los momentos difíciles.
  • Mejorar las interrelaciones positivas entre todos, sabiendo ejercitar la empatía y las habilidades sociales.
  • Compartir conversaciones

Ser generoso y ecuánime con todos, pero también realista y paciente

Mantener un liderazgo compartido de la pareja hacia los hijos de unos y otros exige una actitud generosa y ecuánime con cada uno de los miembros, para que nadie sienta celos ni discriminaciones.

Se suele decir que el tipo de familia no garantiza la felicidad, pero la calidad de cada una de ellas sí la posibilita. Todas deben tener, entre sus objetivos y funciones irrenunciables, el cuidado y la educación para que los hijos sean “buenas personas y felices”, como pretendemos en la UP, y, para ello, lo más importante es favorecer un clima adecuado y una convivencia más armónica.

Para tratar a los hijos de los otros la clave es mantener una relación equilibrada sabiendo compaginar una autoridad responsable y estimulante, con una amistad comprensiva: teniendo siempre presente la labor irrenunciable del padre o la madre no conviviente en el nuevo hogar con respecto a sus hijos biológicos, y no suplantándolo pero tampoco renunciando a la ineludible acción de educar en el nuevo entorno familiar.

Con espíritu aventurero y con mucho respeto puedo decir que estoy en estado de aprendiendo a aprender en un mundo fascinante a la vez que en continuo movimiento como es el de la educación y, a la vez, en la misión de intentar difundir los conocimientos creados por los grandes investigadores del mundo UP. Serendipia!!

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