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Familias reconstituidas: (I) ¿Cómo tratar a los hijos de mi pareja?

Las familias reconstituidas o ensambladas son las formadas por una pareja adulta en la que, al menos, uno de los dos cónyuges tiene uno o varios hijos de una relación anterior. En esta nueva situación él éxito de las mismas puede estar en cómo tratar a los hijos de los otros.

Características

Presenta una enorme complejidad para convivir: pone en juego la filiación convencional y la jurídica, la exclusividad de los padres y madres biológicos, los roles y los estilos de educar y la convivencia.

Hay que superar una pérdida previa implícita, —divorcio o muerte– y realizar transiciones psicosociales para dar un empuje a sus vidas.

Se crean nuevos escenarios hogareños sin que, generalmente, los hijos hayan roto los vínculos afectivos con el padre o la madre biológica no conviviente en este nuevo espacio.

Están obligados a superar el pasado y aprender a convivir buscando una razonable armonía relacional entre todos los miembros.

Algunos dilemas esenciales

¿Quién ejerce las funciones parentales cotidianas que implican cuidados, crianza, protección, educación y socialización? ¿Quién asume las obligaciones necesarias para transmitir normas y valores, hábitos y conductas de forma corresponsable: la madre biológica y/o su cónyuge en sus nuevas funciones de padre? ¿Qué papel educativo tiene con respecto a sus propios hijos el padre biológico ausente? ¿Qué relaciones equitativas pueden establecerse entre los nuevos “hermanos” no biológicos?

Para responder a esto, generalmente, se establecen dos tipos de lógicas diferentes:

  • Lógica “de la sustitución” crean una nueva familia similar a la tradicional con padres-sustitutos.
  • Lógica “de la continuidad o de la perennidad”, intentan armonizar las relaciones nuevas con el derecho permanente de los padres biológicos. En este grupo hay dos actitudes: los que “esperan a ver”, donde el padrastro representa a un amigo más que a un padre; y los que “innovan” tratando de crear un estilo de vida familiar integrador y respetuoso con todas las partes asumiendo funciones parentales positivas, afectivas y corresponsables.

Algunos consejos básicos para tratar a los hijos del otro

Sean hijos del padre o de la madre, la familia reconstituida tiene un reto para generar autoestima familiar, y un nuevo modelo de convivencia armoniosa que debe comenzar por una cuidadosa relación de pareja y que exige mucha atención a todos los miembros y al conjunto. Por todo eso es aconsejable:

  1. Ser conscientes de los sentimientos de “pérdida y cambio” en los hijos

  • Darle tiempo a los hijos para procesar el sentimiento de pérdida y ser respetuoso con los sentimientos de los hijos ajenos.
  • Los padres/madres no deben hablar mal de sus ex maridos/mujeres ante los niños.
  • Realizar un progresivo acercamiento a los hijos de la nueva pareja por parte del nuevo miembro (cuando la relación ya es estable, y hace un tiempo de la separación de sus padres biológicos, siendo paciente con sus reservas y haciéndose poco a poco merecedor o merecedora de su confianza).
  1. Establecer, en lo posible, nuevos espacios, tiempos y criterios para convivir

  • Acordar unos criterios previos antes de crear un nuevo núcleo familiar sobre bases sólidas, que partan de acordar dónde vivir y cómo compartir las tareas y el dinero.
  • Elegir un nuevo entorno para vivir, si esto es factible, o reestructurar el existente para crear un nuevo escenario que ayude a crear un nuevo marco de convivencia, a ser posible, con un espacio para cada hijo.
  • Establecer criterios para convivir, anticipándose con ello a futuras situaciones: fijar roles, funciones, listado de normas y reglas familiares, especialmente con respecto a la crianza de los hijos del nuevo cónyuge.
  • Cuidar mucho la relación de pareja y tener presente un tiempo dedicado a cada subestructura: un tiempo para ellos, un tiempo para compartirlo con los hijos propios y un tiempo compartido con todos.
  1. Mantener una actitud respetuosa con todos

  • El nuevo cónyuge ha de mantener un respeto expreso al progenitor que no convive en el hogar y reconocer la función parental irrenunciable de aquel, evitando todo tipo de comentarios negativos ante los hijos.
  • Priorizar al principio de la convivencia las muestras de afecto verbal a las de cercanía física, hasta que éstas se asuman y demanden con normalidad.
  • El nuevo cónyuge debe saber mantener una actitud amistosa, mediante la que pueda ir ganándose, poco a poco, la confianza de los niños con el objetivo de crear un nuevo vínculo.
  • En general, suele ser contraproducente que ejerza la autoridad o la imposición como sustituto en funciones del padre/madre ausente, hasta que la autoridad moral de la nueva figura parental emane del convencimiento personal y del consenso familiar.

 

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