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La importancia de una estimulación temprana por medio del juego

Nuestros hijos, desde que nacen, se encuentran rodeados de todo tipo de estímulos. Con estos estímulos, que les aportamos interactuando con otras personas y con su propio entorno, les estamos ofreciendo diferentes oportunidades para explorar, adquirir destrezas y habilidades, de una manera natural, con el fin de estimular su crecimiento tanto físico, como  psicológico; ambos crecimientos deben de ir acompañados el uno del otro.

Es primordial que los estímulos se ofrezcan desde el cariño y el afecto, para ofrecer seguridad y bienestar, con el fin de desarrollar al máximo las capacidades físicas, sociales y emocionales de nuestro bebé.

En este sentido, las familias, tutores, cuidadores de niños y niñas tienen un papel muy importante, ya que deben enseñarles con cariño a aprender; esto repercutirá en el buen desarrollo físico, sensorial, intelectual y afectivo-social de nuestros hijos.

Los objetivos generales, que se fijan en el primer ciclo de Infantil (0 a 3 años), son los siguientes:

  • Identificar las necesidades básicas de salud y bienestar, de juego y de relación.
  • Descubrir, conocer y controlar progresivamente su propio cuerpo, sus elementos básicos y sus características, para valorar sus posibilidades y limitaciones y actuar así de forma cada vez más autónoma en las actividades habituales.
  • Relacionarse con los adultos y otros niños, percibiendo y aceptando las diferentes emociones y los sentimientos que se le muestren. De esta forma, desarrolla progresivamente actitudes de interés y ayuda.
  • Observar y explorar activamente su entorno inmediato y los elementos que lo configuran, identificando las características y propiedades más significativas, para disfrutar de todo tipo de estímulos.
  • Regular paulatinamente su comportamiento en las propuestas de juego, rutinas y otras actividades, que presenta el adulto, para que disfrute con ellas y las use para dar cauce a sus intereses, conocimientos, sentimientos y emociones.
  • Comprender pequeños mensajes orales que se le van dirigiendo en los contextos habituales, para que aprenda, progresivamente, a regular su comportamiento.
  • Comunicarse con los demás utilizando el lenguaje no verbal y corporal, para expresar sus sentimientos, deseos y experiencias e influir en el comportamiento de los demás.
  • Descubrir diferentes formas de comunicación y representación, utilizando sus técnicas y recursos más básicos, y disfrutar con ellas.

Es imprescindible respetar el ritmo de cada niño. Por eso, dependiendo de su distinta evolución y progreso, los objetivos pueden variar.

La mejor manera para poder llevar a cabo una estimulación temprana y conseguir, así, un resultado más óptimo, es utilizar tanto el juego libre, como el guiado porque, de esta forma, propiciamos que aprenda de manera vivencial, por medio de sus sentidos.

Partimos de la premisa de que el juego es el elemento educativo único a estas edades. Además de aportarnos mucha información sobre los niños, el juego permite que evolucione, manipule, se desarrolle, experimente, observe, se relacione y aprenda.

Por eso es conveniente ofrecer un abanico de posibilidades y actividades de acuerdo a los intereses y momento evolutivo del niño (a través del juego y la manipulación), con el fin de conocer y descubrir su entorno más inmediato, el desarrollo de la actividad motriz e intelectual y sus necesidades básicas, tales como la alimentación, el sueño, la higiene, la afectividad…

También debemos tener en cuenta la estimulación sensorial, pues a través de los sentidos el niño recibe toda la información necesaria para su pleno desarrollo. El ambiente está lleno de estímulos que le motivan y desarrolla sus sentidos (sensaciones y percepciones).

Para llevar a cabo el modelo de aprendizaje, basado en los sentidos, es conveniente tener en cuenta los siguientes principios metodológicos:

  • Individualización: debemos respetar el ritmo individual de cada niño para su correcto desarrollo.
  • Importancia de lo lúdico: se considera un método de aprendizaje motivador para el desarrollo de nuestros hijos.
  • Socialización: es de vital importancia la afectividad entre la familia y sus hijos, pues los aspectos relacionales y afectivos son esenciales.
  • Aprendizaje significativo: motivamos hacia un aprendizaje mediante el juego, la acción, la manipulación y la verbalización, para que sea realmente significativo.
  • Perspectiva globalizadora: se trata de estimular el desarrollo de todas sus capacidades, tanto físicas, como afectivas y sociales de forma global.

Estos principios metodológicos se aportan desde que el niño nace, de manera global y gradual, partiendo de los intereses reales de nuestros hijos y potenciando el mayor número de relaciones, entre lo que ya conoce y la nueva información, siendo así protagonista de su propio aprendizaje.

Se trata de un método global, que entiende la individualidad propia de cada niño, donde la realización de las actividades tanto libres como organizadas influye de forma positiva para adquirir seguridad, autoimagen y autoestima. Fomenta, además, actitudes positivas hacia los aprendizajes, estimula su curiosidad y el interés por explorar, descubrir y comunicarse, pues consolida las bases para que los niños encuentren el gusto por aprender y ser felices.

Maestra de Educación Infantil y tutora de la Universidad de Padres

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