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La coeducación es la llave para nuestro bienestar social

En el Día Internacional contra la Violencia de Género, volvemos la vista con esperanza hacia las nuevas generaciones. La única solución a esta terrible lacra social pasa, innegablemente, por la educación, tanto en la familia como en el ámbito formal. Hemos invitado a Kika Fumero, profesora de coeducación y activista, que nos transmite cómo podemos sensibilizar y educar en igualdad a niñas, niños y adolescentes desde el entorno escolar.

 

Hoy, 25 de noviembre, Día Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres desde que en 1999 así lo declarara la ONU, amanecemos con un nuevo asesinato por violencia de género. El dolor nos atraviesa y surge la rabia, pero no podemos dejarnos llevar, hemos de ser capaces de canalizar esa rabia, esa emoción, y transformarla en fuerza positiva para no desfallecer y seguir avanzando en este camino por la igualdad entre mujeres y hombres.

La primera pregunta que nos viene a la mente es ¿qué podemos hacer? ¿Cuál es la solución? Lo primero que debemos asumir como sociedad es que esta realidad es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros: si somos responsables de un problema, tenemos en nuestras manos la posibilidad de generar el cambio deseado. En segundo lugar, debemos entender que el cambio pasa por la coeducación, es decir, por aplicar una pedagogía igualitaria en todos los niveles de la vida de una persona: desde la infancia hasta la edad adulta, desde Infantil hasta la Universidad. Una coeducación permanente no revisable que sea transversal, que permee cada rincón de nuestro centro educativo y que pase a formar parte del currículo oculto, del discurso de toda la comunidad educativa.

El movimiento feminista tiene en su haber siglos de lucha por alcanzar los derechos fundamentales de mujeres y niñas. Para ser conscientes de dónde venimos es importante tomar distancia y perspectiva y echar la vista atrás, hacia el camino recorrido, hacia nuestra propia Historia. Hace apenas menos de 40 años las mujeres no teníamos autonomía para gestionar nuestra propia economía ni patria potestad sobre nuestras hijas e hijos. Hoy en día, disponemos de nuestro patrimonio y tenemos capacidad de decisión sobre la educación de menores bajo nuestra tutela. Hemos trabajado la autoestima y el empoderamiento de mujeres y niñas y ahora es el momento de comenzar a poner el foco también en las masculinidades. Porque por mucho que las niñas, chicas y mujeres vayan entrando en el mundo hasta entonces llamado “masculino”, la igualdad jamás se hará efectiva hasta que los chicos ocupen los espacios hasta ahora llamados “femeninos”. Y tampoco se hará efectiva hasta que no rompamos con los estereotipos de género tan rígidos para ellos en particular.

Así como “mujer no se nace, se hace”, tal y como afirmaba la filósofa feminista Simone de Beauvoir; los chicos tampoco nacen, se hacen. Educarlos en códigos y estereotipos que les fomentan el tener que ser fuertes, valientes y campeones, privándolos al mismo tiempo de la posibilidad de mostrar emociones y debilidades propias de cualquier ser humano, los someten a una exigencia nada positiva. Pararnos a reflexionar desde educación qué tipo de masculinidades estamos socializando y qué tipo queremos construir es otro paso más.

Tal y como dice Miguel Lorente Acosta, Profesor de Medicina Forense y feminista que ha estudiado la masculinidad con perspectiva de género y teorizado sobre nuevas masculinidades o, lo que es lo mismo, otras formas de ser hombres:

Debemos llevar a cabo una reflexión sobre la violencia si queremos cuestionarnos con profundidad la masculinidad, pues al contrario de cómo muchas veces se presenta, la violencia no ha estado ahí como un recurso alternativo, sino como un instrumento activo para el mantenimiento, guarda y custodia de esa posición de poder. Por eso tampoco ha sido posible una masculinidad diferente al todo, habría sido un elemento de equiparación a lo femenino, a lo de las mujeres, y, sobre todo, un signo de debilidad.

Hoy es un buen día para hacer un alto en el camino y reflexionar sobre la sociedad con que soñamos y, a partir de la respuesta que nos demos, diseñar nuestras propias metodologías coeducativas y llevarlas a las aulas.

Como profesora coeducadora me hago constantemente la misma pregunta: ¿qué puedo hacer en mi centro para construir la sociedad que sueño para mi alumnado? Y aquí les dejo dos de mis propuestas:

Fomentar el pensamiento crítico hacia el amor romántico: crear espacios seguros de debate y reflexión conjunta. ¿Cómo nos enseñan a amar? ¿Dónde aprendemos? ¿Qué es para mí el amor en pareja? ¿Cómo construyo y gestiono mis afectos, mi sexualidad, mis deseos, mi placer? A partir de ahí, ¿cómo construyo mis relaciones de amistad y de pareja? Acompañar a niños y niñas, a adolescentes y jóvenes en el desarrollo de sus propias emociones, sexualidad y afectividad en las distintas etapas de su vida es fundamental para un crecimiento sano y una autoestima positiva.

Biblioteca de colores y coeducativa: más allá de que el material que empleemos con nuestro alumnado debe ir en consonancia con el mundo que queremos regalarles, las bibliotecas de los centros han de ser fuente de enriquecimiento para la comunidad educativa y una prolongación de los valores sociales que deseamos transmitirles. Las bibliotecas de colores abrazan la diversidad y ven en ella una oportunidad para crecer.

Tal y como nos decía Rosa de Luxemburgo: luchemos “por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres”.

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