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Lo que no se dice en la Guía para Padres del hospital Niño Jesús

hospital niño Jesús

La pasada semana, el madrileño hospital Niño Jesús publicaba una guía para padres sobre Trastornos del comportamiento en niños y adolescentes que, durante todo el fin de semana, ha incendiado las redes sociales de posts de diversa índole y procedencia manifestándose en su contra.

Al ponernos a releerlo para escribir estas líneas, descubrimos que su difusión se ha paralizado porque el Comité Editorial va a “matizar diferentes aspectos de la misma”. Rectificar siempre es de sabios pero desde la Universidad de Padres nos preguntamos si, un despropósito tan grande, es posible solucionarlo únicamente matizando.

Nos encontramos una guía que mezcla contenidos pediátricos, psiquiátricos, psicológicos y logopédicos todos juntos bajo un dudoso título de Trastornos del comportamiento. Quizá hubiera sido de agradecer que, si pretendían hacer una guía de dudas educativas habituales para padres, hubieran contado en el equipo con otros profesionales como logopedas, pedagogos o psicólogos. Trabajando en un equipo multidisciplinar el tono hubiera sido otro.

Lo que no dice la guía del hospital Niño Jesús

Se ha escrito ya mucho sobre lo que dice la guía publicada por el hospital Niño Jesús y no queremos repetirnos, pero profundizando en el tema nos gustaría escribir algunas cosas que no se dicen.

En los celos nadie nos dice que el dolor que sienten esos niños en lo más profundo de su ser es real y que sí, es una forma de llamar nuestra atención, de decirnos que algo no está yendo bien y que quien está pagando las consecuencias es un ser pequeño. Nadie nos dice tampoco que hablar de su hermanito como un intruso no es la mejor forma de presentárselo. Que cuando un niño se aísla y deja de jugar siempre hay una causa que necesita de nuestra observación atenta.

En las rabietas nadie dedica una letra siquiera a explicarnos que las respuestas inmaduras son las esperables y razonables a ciertas edades, porque es el estado natural de su sistema nervioso y que conocerlas y explicarlas puede ayudar poco a poco a su gestión.

Al leer sobre la alimentación nadie nos dice que no se puede hablar de síntoma de rechazo de la alimentación a la vez que se dice que se hacen tomas nocturnas, porque es incompatible rechazar con pedir más alimento.

¿Por qué no se habla de las dificultades de aprendizaje de nuestros hijos?

Cuando hablan de algo tan serio como el TDAH nadie nos dice que estos niños no son desobedientes, ni rechazan las normas, sino que tienen dificultades reales a nivel ejecutivo para dirigir su conducta hacia las metas y fines que quieren.

En su texto sobre el sueño nadie nos dice que para los niños, dormir es una necesidad fisiológica y no una pérdida de tiempo. Que ellos no inventan necesidades, sino que las comunican de la forma que pueden y saben. Que somos los adultos los que nos creamos falsas necesidades cada día de nuestra vida.

Tampoco nos hablan de que llorar desesperadamente es algo por lo que no debería pasar ningún ser humano y, mucho menos, mientras las personas que más le quieren le ignoran hasta hacerle llegar al vómito.

No se menciona que el final de nuestro cuerpo es el principio del suyo, sin que los niños comprendan del todo la diferencia, y que por eso buscan nuestro contacto de todas las formas que son capaces. Que al tercer día habrán aprendido que es indiferente lo que hagan porque nadie va a escuchar sus necesidades.

Para finalizar, aunque haya muchas más cosas que no se dicen, tampoco hemos podido encontrar dónde explican que “aparentar valentía y seguridad” no evita el bullying porque la forma de evitarlo nunca está en la víctima sino en el agresor y en los espectadores pasivos.

Los niños viven comunicando todo el tiempo de una forma u otra y somos los adultos los que debemos estar pendientes de sus señales para saber interpretarlas. Ante las dificultades o retos, el objetivo siempre es buscar soluciones que respeten a todos los miembros de la familia y que eso no se puede lograr obviando las necesidades de la parte más débil.

Nadie nos dice que cada familia es única, con sus retos y necesidades, con sus soluciones y circunstancias y que habitualmente necesitan una mano amiga, una café caliente, un “me quedo un rato y dúchate tranquila”, media hora de flexibilidad para poder llegar a casa sin correr y, en casos excepcionales, un consejo profesional sosegado alejado de tópicos que le sirva de sostén.

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