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Los españoles ahorran para el largo plazo, pero son muy conservadores

Los españoles son muy conservadores en la inversión financiera de sus ahorros, como se desprende de diversos estudios. En concreto, y según el Observatorio de Inverco (datos de noviembre de 2017), el 58% de los ahorradores se engloba en este tipo de perfil. Una cifra que se ha reducido respecto a la de años anteriores, pero que sigue siendo muy alta, sobre todo, cuando pensamos en el ahorro a largo plazo.

Cuando nos planteamos ahorrar e invertir, debemos tener en cuenta una serie de cuestiones básicas que afectan a nuestro dinero. La primera es la inflación: todos sabemos que antes 166 pesetas daban para mucho más que ahora un euro. La inflación -el incremento anual de los precios de bienes y servicios- provoca que el poder de compra del dinero se reduzca. Por eso se suele decir que la inflación es el enemigo silencioso del ahorrador conservador.

De un año para otro, el efecto de la inflación puede no ser grande. Pero si tenemos en cuenta una inflación media del 2% anual (este es el objetivo que marca el Banco Central Europeo), en diez, veinte o treinta años, la pérdida de poder adquisitivo puede ser importante.

Por ejemplo, si tenemos 1.000 euros ahorrados y no invertimos ese dinero para obtener una rentabilidad por él, al cabo de 20 años su valor de compra equivaldrá a 670 euros. Es decir, habremos perdido 330 euros por el efecto de la inflación. Si hubiéramos invertido esos 1.000 euros en un producto financiero que nos diera un 2% de rentabilidad (igualar la inflación) conservaríamos, al menos, nuestro poder adquisitivo.

Muchas veces identificamos el riesgo sobre nuestro dinero con la volatilidad del mercado, es decir, con la posibilidad de sufrir pérdidas en momentos puntuales como consecuencia de las oscilaciones de los mercados.

Sin embargo, cuando el horizonte temporal de la inversión es largo, asumir algo de riesgo (exposición a la volatilidad de activos como la renta variable) para conseguir la rentabilidad necesaria para alcanzar nuestros objetivos puede ser necesario y marcar una gran diferencia. El riesgo podría ser no alcanzar nuestros objetivos financieros.

Por ejemplo, si ahorramos al año 1.500 euros y los invertimos en un producto financiero que nos dé el 4% (superar en dos puntos porcentuales la inflación) en lugar de un 2%, la diferencia de ahorro en tres décadas sería de casi el 40%. En plazos largos, un solo punto porcentual puede marcar una diferencia grande por el efecto del interés compuesto (si reinvertimos cada año la rentabilidad obtenida, se multiplican los intereses finales; se trata de una progresión geométrica).

 

Licenciada en derecho. Socia fundadora y directora general de Abante Asesores

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