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Mitos del amor romántico: cómo educar para romperlos

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Siglo IV a.C.

Platón, padre de la filosofía occidental, se explaya acerca del amor en El banquete, donde pone en boca de Aristófanes la siguiente alegoría:

Hace mucho, mucho tiempo los seres humanos eran criaturas grandes y felices, con dos cabezas, cuatro pies, cuatro brazos y dos órganos sexuales. Vivían satisfechos pues lo tenían todo. Los dioses se sintieron amenazados por su gran poder y decidieron romperlos, separarlos en dos mitades. Desde entonces, las personas quedaron divididas en dos sexos, condenadas a buscar durante toda su vida a su otra mitad, con la que reunirse para recuperar la felicidad perdida.

Nace la idealización romántica del amor.

Amor y cultura

Este mito platónico, que ha perdurado hasta nuestros días bajo la forma de la media naranja, nos dice que somos seres incompletos, que no podemos ser felices solos sino que necesitamos una pareja, esa otra mitad que debemos buscar, y que a su lado todo será perfecto. La felicidad no está en nuestras manos; depende de otra persona. Y si no tenemos la fortuna de encontrarla, estaremos condenados a la desdicha.

Como este, muchos otros mitos sobre el amor romántico han colonizado todo tipo de manifestaciones culturales y moldeado nuestra manera de entender las relaciones de pareja, así como nuestras expectativas vitales.

La cultura construye nuestra visión del amor, con sus elementos y estructuras.

El amor romántico no es más que un tipo específico de amor, uno de tantos modelos amorosos que se han dado a lo largo de la historia de la humanidad. Este modelo lleva siglos fundamentando nuestro estilo de vida afectivo y marcando el camino a seguir.

mitos del amor romántico
Niña vestida de princesa besando una rana

Los mitos del amor romántico

No es difícil dar con alguno de estos mitos románticos: los encontramos en los cuentos que oíamos de pequeños, en el universo Disney, en la publicidad, en la tele, en costumbres sociales y, sobre todo, en la cultura popular. El cine y la música han sido y son los mayores transmisores de este constructo romántico edulcorado, utópico y obsoleto.

Los principales requisitos que ha de cumplir el amor “verdadero” según esta visión son: debe ser intenso (te amo con locura), para toda la vida (te querré para siempre), exclusivo (no podré amar a nadie más que a ti), incondicional (te amaré pase lo que pase) y con un grado de apego exagerado (te quiero más que a mi vida).

Podemos identificar numerosos mitos del amor romántico: la mencionada media naranja, el hilo rojo o la predestinación, la conquista, las falacias de los celos como expresión de amor o del amor que todo lo puede, el amor a primera vista… Todos tienen en común que nos ofrecen una imagen distorsionada del amor que, a base de ser repetida ubicua e incesantemente, ha calado en nuestras mentes, afectando a nuestras esperanzas y decisiones. De manera que acaba condicionando nuestra manera de relacionarnos y lo que esperamos o exigimos al otro, sin darnos cuenta de que la mayoría de esas expectativas son irreales e incluso nocivas.

La coeducación es la solución para la mejora de las relaciones afectivas

Por fin estamos siendo conscientes de los mensajes tan negativos que estas ideas llevan implícitas, y los efectos que pueden generar en periodos más sensibles del desarrollo como la adolescencia. Porque esta representación idealizada de las relaciones amorosas tiene consecuencias: miedo a la soledad, dependencia, frustración, sexismo, relaciones que se alargan en el tiempo de manera enfermiza o duros procesos de desamor. Por otra parte, se trata de un modelo muy homogéneo que no refleja la diversidad de relaciones o tendencias afectivas y que relega a la mujer a un papel pasivo y sumiso: tiene que ser salvada o conquistada y vive esperando al príncipe azul.

Esta visión estereotipada perpetúa el sistema jerárquico, desigual y basado en la dependencia que todavía hoy predomina. Las expectativas que se siguen de ella conducen a la frustración y a la insatisfacción permanentes, porque la realidad no cumple esos criterios. El amor no es perfecto ni nos tiene que salvar de nada.

¿Cómo cambiar esta visión del amor?

La buena noticia es que han salido a la luz estas consecuencias y, por lo tanto, podemos evitarlas. Por ejemplo, sería muy positivo discutir y comentar estos mitos con nuestros hijos adolescentes, a propósito de series o películas que les gusten. Seguro que no tardan en aparecer. En la UP no somos partidarios de prohibir o censurar estos contenidos porque, precisamente, es a partir de su existencia que podemos adoptar una postura crítica al respecto y buscar alternativas. Es importante aprender a detectarlos y reflexionar sobre ellos en familia.

Como madres y padres tenemos una oportunidad de oro para ayudar a nuestros hijos a sentar las bases de unas relaciones sanas, constructivas, libres y equilibradas; basadas en el respeto, el apoyo, el crecimiento personal.

Porque todo empieza por uno mismo. Un amor como fortaleza y como proceso, no como destino o imposición.

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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