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Pensamiento crítico, ¡te necesitamos!

Junto con la pandemia de covid19 que estamos sufriendo se ha propagado otro nocivo virus: el de los bulos. A diario, las autoridades médicas y políticas, medios de comunicación y periodistas nos advierten del peligro de estos contenidos falsos y nos piden que no los difundamos.

Compartir este tipo de información no oficial, no contrastada y sin fuentes puede parecer un acto inocente, total, solo estamos apretando una teclita de nuestro móvil… Sin embargo, con este simple gesto contribuimos a la desinformación y al alarmismo.

Estos bulos suelen circular en forma de cadenas, audios o vídeos de personas que no conocemos, noticias que no aparecen en ningún medio y mensajes del tipo: “Mi primo trabaja en… y me ha dicho que…”, o “Una experta aconseja…”. Algunos de estos contenidos pueden ser bienintencionados, aunque en realidad sus consejos no sirvan para nada y se corra el riesgo de anteponer esas recomendaciones a las de los sanitarios. En otras ocasiones se trata de ataques y críticas agresivas ‒a veces incluso racistas‒ que no hacen más que esparcir un odio innecesario y aumentar el malestar; y en muchas otras estamos, directamente, ante fraudes que amenazan nuestra seguridad o economía, como nos advierte la Oficina de Seguridad del Internauta.

Mujer con teléfono móvil

En estos momentos el pensamiento crítico es una responsabilidad social. Una ciudadanía crítica e informada es fundamental para la buena salud de la democracia, y su valor se aprecia especialmente en los periodos más difíciles.

En qué consiste el pensamiento crítico

Podemos definir el pensamiento crítico como la habilidad para analizar y evaluar la consistencia de razonamientos y afirmaciones antes de aceptarlos como verdaderos. Requiere establecer unos criterios de evaluación para determinar la fiabilidad de los mensajes y la información. Es decir, no debemos aceptar sin más todo lo que escuchamos o leemos, sobre todo aquello que encontramos en las redes sociales.

Pensar de manera crítica requiere dedicar tiempo a reflexionar, pararse a pensar, analizar y contrastar la información que recibimos. Por lo general, vivimos acelerados y el “conocimiento” es tanto, tan diverso, fragmentado e inmediato y viaja a tal velocidad, que nos informamos a base de pequeños retales, a saltos, sin profundizar ni digerir lo que nos llega. Ahora, la falta de tiempo no es una excusa para no aplicar estos criterios responsablemente.

“Para tener éxito en la vida, uno necesita hacer preguntas esenciales: cuando lee, escribe y habla; cuando está de compras, trabajando o ejerciendo su rol de padre; cuando hace amigos, escoge pareja, e interacciona con los medios informativos e internet.» 

Richard Paul y Linda Elder, Fundación para el Pensamiento Crítico.

Tenemos que aprender a distinguir las fuentes fiables de las dudosas y a contrastar la información. Dos herramientas nos ayudan en esta tarea: las preguntas y el cuestionamiento. Ambas activan el pensamiento porque ensanchan nuestra mirada, nos hacen dudar, plantearnos las cosas.

Ante cualquier información que nos resulte un poco sospechosa, deberíamos plantearnos una serie de preguntas básicas. Y esto es válido no solo en el caso de las fake news y bulos a propósito del coronavirus, sino en nuestra vida cotidiana. Adquirir el hábito de pensar de manera crítica es especialmente necesario para nuestros hijos, que deben desenvolverse en un mundo saturado a nivel cognoscitivo, infoxicado, repleto de contenido incierto, inexacto, incompleto y demasiadas veces inapropiado.

Una batería de preguntas que podemos aplicar es la siguiente:

  • ¿Cómo sabes eso? ¿Cómo lo sabe otra persona?
  • ¿De dónde procede esa información?
  • ¿Es una información objetiva o subjetiva?
  • ¿Se basa en argumentos y razones o en creencias y suposiciones?
  • ¿Se puede confirmar en otro lado, o se puede demostrar de alguna manera?
  • ¿Puede contener una intención oculta o una manipulación?
  • ¿Podemos contrastarlo o comprobarlo?
  • ¿Puedo difundirlo si no estoy seguro de que es verdad? ¿Puede afectar a otras personas?

Tozzi, M. (2007) “Pensar por sí mismo”. Madrid, Editorial Popular.

Vivimos en la sobrecarga informativa, en una sociedad que las nuevas tecnologías han hecho acelerada, hiperestimulada, banal y en la que cualquiera puede verter y difundir lo primero que se le pase por la cabeza. No podemos olvidar que opinión no es lo mismo que conocimiento, y debemos esforzarnos por distinguirlos; aunque a veces se forme tal batiburrillo que resulte complicado. Al final, las personas mejor informadas no son quienes reciben más cantidad de información, sino las que saben seleccionan la de mayor calidad.

Para desarrollar un pensamiento crítico es importante estar abierto a diferentes opciones y posibilidades, por eso es importante tener en cuenta otros puntos de vista y contrastar la información.

Adquirir un pensamiento crítico nos ayuda a ser más abiertos, a tomar mejores decisiones, desarrolla nuestra libertad personal y nuestra autonomía.

Recomendaciones de la OSI

La Oficina de Seguridad del Internauta, plataforma que depende del Instituto Nacional de Ciberseguridad, critica la falta de rigor a la hora de compartir y publicar artículos, noticias y comentarios online, y alerta de las consecuencias negativas de difundir acríticamente estos contenidos que, en su mayoría no son más que mitos y fraudes. Podemos evitarlo siguiendo unas sencillas recomendaciones:

  1. Buscar la fuente y contrastar. Sin fuente, no compartas.
  2. Revisar la URL
  3. Ir más allá del titular
  4. Comprobar el formato
  5. Usar el sentido común

Fuente: https://www.osi.es/es/actualidad/blog/2020/03/23/ponle-freno-los-fraudes-y-bulos-con-buenas-practicas

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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