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¿Podemos aprender a desarrollar la inteligencia?

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El puzle del aprendizaje y de las inteligencias según una familia veterana de la UP

La educación tiene un objetivo muy claro, el desarrollo integral del niño, y es en el núcleo familiar donde encontramos las raíces de ese desarrollo global. La familia es vital tanto para la sociedad como para el desarrollo del ser humano.

“Tener hijos es fácil, lo difícil es criarlos y educarlos bien para que tengan éxito en su vida, es decir, para que sean inteligentes, felices y buenas personas”. (Elena, madre y diseñadora gráfica)

Mientras tomamos un café en el centro de Madrid con todos los miembros de su familia, alrededor, en una sala de juego anexa, revolotean como pajaritos una quincena de niños entre laberintos de redes, bolsas con bolas de goma y gritos de entusiasmo.

Cuando ella y Luis se matricularon en la Universidad de Padres online su hija Clara apenas tenía un año y comenzaba a andar por sí sola. Hoy tiene trece años, y es una preadolescente bastante madura y responsable. Sus padres son alumnos veteranos de la UP y esperan, no sin cierta inquietud, que todo lo que ellos han aprendido y han enseñado a su hija le sirva a Clara para ser una joven con personalidad y talento para vivir y convivir en un mundo cada vez más complejo.

“Nuestra primera hija colmó nuestra felicidad como padres pero nos hizo darnos cuenta de que sabíamos muy poco de cómo criarla y educarla”.

Comenzamos a leer libros y a buscar en internet hasta que descubrimos la UP y no lo dudamos a la hora de inscribirnos. Antes teníamos mucha información y muchos consejos, era como si sobre la mesa estuviesen las piezas de diferentes puzles, desordenadas, mezcladas e incompletas… ¿Por dónde empezar a completarlo y qué descartar?

La UP nos ofreció un modelo muy coherente de cómo educar el talento de nuestras hijas y, gracias a ese esquema general, pudimos ir encajando las numerosas piezas de ese puzle educativo con la ayuda de sus objetivos, contenidos, foros, test, actividades y el acompañamiento de sus tutores”. (Luis, ingeniero informático)

Pregunta:

¿No les parece muy complicado tener que manejar y aprender con tanta información?

Respuesta de Elena:

Parece difícil pero no lo es cuando interiorizas algunos esquemas básicos para orientarte. Desde un primer momento comprendimos que hay cuatro estilos parentales distintos de educar y que el más adecuado es el que llaman “estilo responsable”, que consiste en educar a los hijos con mucho amor explícito y con disciplina positiva, es decir, con límites, estímulos y exigencias para que den lo mejor de sí mismos. Todo ello con ternura, comunicación, serena firmeza y amabilidad.

Pregunta:

Pero eso que parece fácil en teoría no lo será tanto en la práctica —insisto yo.

Respuesta de Luis:

No es tan difícil si lo aprendes poco a poco, a tu ritmo y en compañía, porque te inscribes en aulas virtuales con padres que tienen hijos de la misma edad que los tuyos. Así, el modelo propuesto de talento se va estudiando según cada etapa evolutiva de los niños, con seis objetivos comunes como vías progresivas de avance, pero también con los recursos o dificultades que podemos encontrarnos en ese periodo, con foros y con el asesoramiento de un tutor.

Pregunta:

¿Qué sentido tiene hablar de talento cuando todos los niños no tienen el mismo coeficiente intelectual o el mismo tipo de inteligencia?

Respuesta de Elena:

“El talento, como dice José Antonio Marina, fundador de la UP, no está al principio, sino al final de la educación. No se trata de ser un genio en algo específico, aunque sería un logro excelente. El talento es la inteligencia triunfante, es la aplicación de lo que sabemos a nuestra vida práctica. Es decir, la capacidad de pensar, decidir y elegir las mejores metas para nuestra vida y mantenerlas. Eso se hace con un nivel adecuado de inteligencia ejecutiva que esperamos alcancen y ejerzan nuestros hijos”.

Pregunta:

Me sigue pareciendo muy teórico. Si unos padres tienen hijos desobedientes, hiperactivos, con celos o con adicciones a los vdeojuegos o se divorcian… no creo que se pueda “arreglar” solo con teorías pedagógicas.

Respuesta de Luis:

Evidente. Todas las familias pasan por problemas de crianza, y eso es parte del reto de ser padres. Nosotros también. Cada niño o niña tienen su temperamento y sus dificultades. Precisamente estamos en la UP para aprender a resolver esos problemas específicos. Pero la teoría bien fundamentada es esencial, es como la luz que nos permite iluminar y ver mejor cada situación y cómo actuar de forma más continuada y coherente, qué tipo de actitud o de recurso aplicar de forma concreta en cada situación.

“Sin ideas claras de cómo educar estaríamos a ciegas, tropezaríamos con todo y a cada instante”.

Pregunta:

¿Podríais explicar a mis lectores cómo sus hijos pueden alcanzar más talento para convencerlos de que merece la pena matricularse en la UP?

Respuesta de Luis:

José Antonio Marina, como filósofo, pedagogo y divulgador,  seleccionó cuáles serían los objetivos a lograr para tener una personalidad con una vida realizada y los agrupó dentro de tres grupos de inteligencias: la inteligencia que conoce y piensa, que concretó en dos objetivos. Uno es que nuestros chicos logren tener una imagen rica y veraz del mundo y de sí mismos, llena de posibilidades. Y otro es que adquieran un pensamiento riguroso, creativo y capaz de resolver problemas. Esto equivale a lo que llamamos inteligencia cognitiva, creativa, crítica, constructiva.

Respuesta de Elena:

Pero con esto no sería suficiente, porque el segundo nivel a dominar sería la inteligencia que siente y actúa, que comprende lo que Daniel Goleman puso de moda como inteligencia emocional. Esto lo tratamos de desarrollar en nuestros hijos con un tercer y un cuarto objetivo: un tono alegre, activo, optimista y resistente; más la construcción de una voluntad libre y recta. Y puntualizó:

“Si no entrenamos a nuestros hijos para que tengan fuerza de voluntad y para que sean optimistas y resistentes, probablemente, no serán capaces de superar los retos que les planteará la vida cuando sean adultos”.

Respuesta de Luis:

Un tercer nivel de talento a desarrollar  es la inteligencia que comprende y convive, o dicho de otro modo, la inteligencia social y ética, la educación en valores. El quinto objetivo, pues, sería que los niños adquieran capacidades para comprender a los demás y comunicarse, lo que requiere entrenarlos en expresión oral, escucha activa, asertividad y empatía. Y el sexto, que interioricen ese talento práctico necesario para la buena convivencia, lo que requiere aceptar normas, asumir responsabilidades, ser autónomos y cooperadores, en suma, responsables.

Pregunta:

Sigue pareciéndome muy bonito pero complicado para llevarlo a la práctica.

Respuesta de Elena:

Le puedes preguntar a mi hija Clara cómo ha aprendido estos hábitos teniendo en cuenta su edad—nos reta Elena, mientras la niña deja de leer un libro juvenil e interviene.

Respuesta de Clara:

La UP es muy guay. Lo sé ahora que ya entiendo más de qué va… y la verdad es que mola mucho. Según me han dicho mis padres, aunque no lo recuerdo, cuando era pequeña tuve rabietas, celos de mi hermanita y problemas en el colegio… y con su cariño y su ayuda los superé. A los seis años les dije que para qué seguían estudiando en la UP si ya eran los mejores padres del mundo. Pero, más tarde, a los nueve años, cuando volví a tener problemas con mis amigas o en el colegio, entendí lo importante que era lo que ellos habían aprendido y me venían enseñando. Sé que me quieren y que yo los quiero. Con eso y con su ejemplo puedo entender las normas y la confianza que tienen en mí. Ya te digo, la UP me encanta porque a veces hacemos juntos actividades familiares que nos proponen los tutores y que son divertidas.

Clara hizo una pausa y me puso un ejemplo que me convenció finalmente.

“Como dice mi abuelo, si para aprender a conducir coches los adultos tienen que formarse en una autoescuela y aprobar un examen teórico y otro práctico para que le den el carnet… para educar a los hijos los padres también tendrían que aprender, obligatoriamente… ¡No sabe las compañeras y compañeros tan patéticos, caprichosos y maleducados que me he encontrado en el ‘insti’ en Primero de la ESO. Me da pena, porque estropean las clases, no colaboran en las tareas de equipo y es difícil hacer buenos amigos o amigas”.

Luis, con cara de orgullo paterno quiso concluir con su mejor aire de docente y alumno aplicado, repitiendo su primera metáfora de las piezas encajables:

Todo lo que mis hijas necesitan es desarrollar su potencial o sus inteligencias con nuestra ayuda, día a día, cotidianamente, como quienes montan un gran puzle familiar y trabajan cooperando para lograrlo juntos. Integrando su mente y sus valores. Por supuesto, colaborando también con sus profesores de escuela. Aprender para la vida. Algo que más tarde podrán hacer ellas solas, cada una, desarrollando su personalidad propia, su talento, porque habremos entrenado, como sabemos por la neurociencia, su inteligencia ejecutiva, desde el amor, el cariño, la experiencia cotidiana y la ilusión… con un sentido valioso de la vida y la sociedad”.

Nada ni nadie es perfecto, las familias tampoco —añade Elena—, pero ahora sabemos distinguir lo valioso que es aprender y enseñar al mismo tiempo en una sociedad que va a ser cada vez más compleja.

Pregunta de Elena:

¿Conoces la pirámide del aprendizaje de William Glaser?

Respuesta de José:

No la conozco, soy periodista, no pedagogo. Pero le prometo que investigaré sobre ella —afirmé, reconociendo que no había afán de presumir de intelectuales por su parte, y que todos aprendemos de todos, como hacen en la “tribu” de la UP.

Me despedí de Elena y Luis, y me quedé sorprendido de la mirada afable y el gesto de naturalidad y alegría de Clara al abrazar a su hermanita, que volvía de jugar. Ambas me ofrecieron su mejor sonrisa como regalo y me estrecharon la mano como si fueran adultas agradecidas por mi reportaje. “Ser inteligentes, felices y buenas personas”, recordé, sin olvidar que tendría que acabar este post en casa tras consultar la Wikipedia.

Efectivamente, según el psiquiatra norteamericano William Glaser (1925-2013), creador de la llamada pirámide del aprendizaje, la forma más eficaz de aprender es “cuando enseñamos algo a otros” (95%), lo que explicaría la importancia del binomio aprender-enseñar de la UP y las actividades de este Campus realizadas de forma compartida por los padres y sus hijos. El siguiente modo de aprender (con hasta un 80% de resultados) es “cuando hacemos algo de forma activa”, implicados en la tarea, lo que justifica el principio de las metodologías activas dentro de la familia y en la escuela, incluso el ejemplo que damos como padres y el motivar el hábito de “aprender a aprender”. También retenemos mucho “cuando debatimos y dialogamos” con argumentos y razones (70%), lo que concede un gran valor a los foros de debate de la UP, aunque sean digitales, y a las conversaciones con nuestros hijos. Según esta pirámide, aprenderíamos un 50% de “lo que vemos y oímos” (de aquí la importancia de lo audiovisual en internet), y solo el 20% de “lo que oímos” y el 10% “de lo que leemos”. Aunque yo discrepo de Glaser en este punto, porque “la lectura con pasión y por placer” para mí no es lo mismo que “leer para estudiar”, sino una inmersión emocionante en la vida contada por un buen escritor de otras personas o de otras ideas.

Yo me sentiría feliz con que la lectura de este post supusiese para ustedes algo más de un 10% de aprendizaje, porque la formación parental me parece una necesidad real, y por eso hay muchas familias que ya viven la experiencia de aprender para educar mejor a sus hijos. Porque, seamos conscientes del gran problema: no solo nos debería preocupar qué mundo les dejaremos a ellos, sino qué generaciones de jóvenes dejaremos a nuestro mundo.

Cuando ya había concluido este reportaje me he encontrado en Twitter unas frases recientes de Pedro Molino, tutor de la UP, que parece responder a la pregunta del titular de este post en forma de reportaje:

“Si la carencia de formación de los padres para serlo es causa de la mala educación de los hijos y esta causa a su vez produce tantos efectos indeseados (desmotivación para aprender, conflictos, adicciones, empobrecimiento económico, cultural y social, etc.), tendríamos que hacer algo urgentemente”, —y concluye— “la formación parental no es solo una cuestión privada, es una acción alternativa que deberían promover los gobiernos como prioridad nacional, como uno de los cimientos básicos para una educación de calidad en la sociedad del aprendizaje”.

 

José Olivares

PERIODISTA EDUCATIVO

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