La Fundación Educativa Universidad de Padres es un Centro de Investigación educativo dirigido por José Antonio Marina. Nuestro proyecto pedagógico y educativo está dirigido a padres y madres, como ayuda en el proceso educativo de sus hijos. Además se suman la investigación, la formación de docentes y otros profesionales y la elaboración de programas específicos para la prevención o el tratamiento de problemas educativos.
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Respecto al respeto y la diversidad

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La realidad humana es diversa por definición. Aunque parece que aún nos cuesta entender y aceptar esto, la heterogeneidad es la norma. Tenemos diversidad corporal, funcional, racial, familiar, de orientaciones sexuales…

Resulta verdaderamente triste y descorazonador comprobar que, la diferencia – ¿diferencia respecto qué? -, sigue siendo motivo de discriminación e injusticia, cuando es la norma, lo real.

Si aspiramos a ser una sociedad inclusiva, lo primero que tenemos que hacer es ser conscientes de esta diversidad. Después, valorarla y respetarla.

La educación es la respuesta

Nos parece fundamental hacer énfasis en que debemos educar en la diversidad a nuestros niños y adolescentes para el mundo heterogéneo en el que vivimos, en la aceptación y el respeto a la diferencia.

No educamos para el mundo que es, sino para el mundo que nos gustaría.

¿Qué valores debo transmitir a mi hijo?

El respeto es uno de los valores que debemos transmitir a nuestros hijos desde que son pequeños. Lo podemos hacer relacionándonos con distintos tipos de personas y grupos, mediante cuentos y películas que hablen de otras culturas, religiones, costumbres, etc. y, sobre todo, mediante nuestra actitud y nuestro ejemplo.

Toda esta variedad no hace sino enriquecer nuestras vidas. ¿Por qué es importante educar  en la diversidad a nuestros hijos?¿Qué nos aportaría la uniformidad absoluta? ¿Qué aprendemos de lo igual? ¿Qué nos asombraría e inspiraría en un mundo homogéneo?

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A partir de la adolescencia especialmente pueden desarrollar esta conciencia por sí mismos, ya que cognitivamente están mejor preparados. Su desarrollo cerebral se traduce en unas mayores habilidades de pensamiento abstracto y de razonamiento moral.

Los niños tienen que recibir una educación que favorezca su sentido de la responsabilidad

Gracias a lo que han aprendido durante la infancia, a la educación que han recibido en casa y en la escuela y a las relaciones que mantienen con los demás, son cada vez más capaces de razonar sobre temas sociales, morales y éticos y de ser conscientes de las consecuencias de sus actos.

Además, en torno a los 10 años les encanta conversar sobre cuestiones morales, son muy sensibles a la idea de injusticia, por lo que es un momento que debemos aprovechas para tratar estos temas. No desde el adoctrinamiento, sino desde la escucha y el respeto.

Si les preguntamos qué piensan, seguro que nos sorprenderán.

Los niños tienen que recibir una educación que favorezca su sentido de la responsabilidad moral y social para llegar a ser un miembro útil y participativo de la sociedad. Deberíamos protegerlos contra todas las prácticas que puedan fomentar la discriminación y educarlos en un espíritu de respeto, comprensión, solidaridad, inclusión, amistad, paz y diversidad. Son derechos fundamentales para la vida de los niños.

Tenemos el deber de educar en la diversidad

Los valores éticos se aplican también a las relaciones interpersonales, bajo una serie de criterios básicos gracias a los cuales nos podemos relacionar de forma saludable, positiva y satisfactoria, y que nos protegen frente a la discriminación, la instrumentalización o la desigualdad.

Son valores basados en los Derechos Humanos, por lo que engloban a todas las personas, independientemente de su sexo, raza, género, creencias, orientación sexual… Esta ética de las relaciones se fundamenta en la idea de que todos somos iguales en dignidad, aunque diferentes en muchos otros aspectos. El respeto hacia estas diferencias y, de manera muy especial, el respeto a los pensamientos, sentimientos, deseos y límites del otro deberían ser los valores supremos que rigieran cualquier tipo de relación.

Háblale sobre la diferencia. Convierte la diferencia en habitual. Haz normal la diferencia. Y no es para que sea justa o buena, sino simplemente para que sea humana y práctica. Porque la diferencia es la realidad de nuestro mundo. Y al enseñársela, estás equipándola para sobrevivir en un mundo diverso.

Debe saber y comprender que la gente toma distintos caminos en el mundo y que, siempre y cuando esos caminos no dañen al prójimo, son opciones válidas que deben respetarse.

Chimammanda Ngozi Adichie

Una educación sin prejuicios

Tratemos de educar en la diversidad, sin estereotipos ni prejuicios. Un prejuicio es una simplificación de la realidad; son creencias que se transmiten y adoptan de forma inconsciente, funcionando como esquemas mentales que se disparan automáticamente. Condicionan nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro comportamiento. La mayoría de ellos distorsionan, exageran o reducen la realidad, suelen centrarse en elementos negativos y generan una visión dicotómica de la sociedad.

Tenemos que aprender a identificar los estereotipos para no dejarnos llevar por ellos, y enseñar a nuestros hijos a hacerlo también.

La diversidad que nos rodea es un regalo, no algo a combatir.

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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