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Retrato de las familias con niños adoptados

adoptar un niño

En la UP nos hemos propuesto celebrar y dar cabida a la diversidad familiar. En nuestra sociedad conviven diferentes modelos de familia, lo que ilustra, una vez más, de la riqueza y amplitud de posibilidades del ser humano. Queremos tener en cuenta y reflejar todas estas realidades en nuestro blog y en nuestro modelo pedagógico, así que iremos profundizando en diferentes situaciones familiares. Hoy hablamos adopción con Montse Lapastora, psicóloga clínica especialista en adopción y consultora EMDR.

Hola, Montse, bienvenida al blog de la UP y gracias por colaborar con nosotros. Desde tu experiencia, ¿cuáles son las principales motivaciones de las personas que adoptan?

En más de un 90%, las personas que deciden adoptar un niño o niña lo hacen porque no pueden tenerlo por la vía biológica. En general, cuando una pareja decide tener un hijo, no se plantea que puedan tener impedimentos para conseguirlo, por lo que supone un gran impacto emocional, impacto difícil de asumir. Cuando ese impacto es asumido y la pareja sigue teniendo un fuerte deseo de ser padres, se deciden por la vía adoptiva.

En el 10% restante de las personas que adoptan se encuentran familias monoparentales, suelen ser mujeres de mediana edad, entre los 40 y 50 años, que por diversas circunstancias no han podido ser madres y llegado este momento deciden serlo a través de la adopción.

En este grupo se encuentran las parejas homosexuales que, al no poder ejercer la paternidad por la vía biológica, deciden hacerlo a través de la adopción.

Todas estas motivaciones son válidas, sin embargo, hay otras que no lo son, pues los motivos que expresan los solicitantes de adopción no son adecuados para ejercer una parentalidad sana, entre ellos encontramos las personas que quieren adoptar para tener un heredero o heredera de sus bienes, o que les da miedo parir, o que no quieren estropear su cuerpo, etc.

¿Cómo hay que tratar este tema con los hijos adoptivos? ¿Y con hijos naturales, si los hay? ¿Y con el resto de la familia?

Con los hijos adoptados hay que hablarlo desde el momento en que el niño o niña entra en casa, la naturalidad es la mejor forma de abordarlo. Cuando un niño es adoptado de bebé, hay que hacer que vaya integrando poco a poco su identidad adoptiva. Esto se puede hacer poniendo fotos de cuando se le fue a buscar al país de origen, de cuando se le vio por primera vez o cualquier otra foto o figura que provenga de su vida preadoptiva. No hace falta explicarle nada, pero el niño preguntará qué esa foto, donde fue hecha, etc. Son esos momentos los que los padres tienen que aprovechar para ir explicándole con palabras sencillas, que el nació en ese país, que todos estaban muy contentos de que formara parte de la familia. Mas adelante el niño hará referencia a que estuvo en la tripa de su mamá adoptiva, en este momento hay que decirle que no, que el estuvo en la tripa de otra mamá. Aquí habrá que responder con naturalidad y con la verdad a las preguntas que haga, estas no serán muy elaboradas, pero poco a poco hará preguntas más profundas e irá entendiendo todo el proceso.

Cuando los niños son pequeños, todos “se saben” adoptados, pero no “se comprenden” adoptados.

Esta comprensión llega con el desarrollo cognitivo, que, en función de la madurez de cada uno, tendrá lugar entre los 6 y los 8 años. En este periodo, el menor adoptado se dará cuenta de que para haber sido adoptados primeros ha tenido que ser abandonados, y este es un momento de dolor y rabia.

Muchos padres, para evitarles el dolor, dulcifican su historia preadoptiva, diciendo cosas que no son verdad, diciendo cosas a medias u omitiendo información importante. Esto es un grave error, porque al final los niños se dan cuenta de todo, saben lo que pasó y sienten que sus padres adoptivos también les han engañado.

Es muy importante decirles siempre la verdad para que puedan construir una identidad sana. No se trata de decirles todo cuando tienen 7 años, que sería una barbaridad, se trata de responder a sus preguntas siempre con la verdad, adaptándose a su nivel de comprensión, tanto en lo que se dice como en el lenguaje que se utiliza.

¿A qué problemas se enfrentan los niños adoptados? ¿Cuáles son los mayores retos de estas familias en el proceso de adopción?

El abandono, la negligencia y cualquier otro tipo de maltrato produce una impronta en el cerebro que le modificará tanto a nivel estructural como funcional, produciendo consecuencias a corto, medio y largo plazo.

Entre ellas se pueden encontrar la impulsividad; agitación motora, no pueden estarse quietos; los problemas de aprendizaje, sobre todo los relacionados con diferentes tipos de memoria y la comprensión del pensamiento abstracto (no entienden los conceptos de espacio y tiempo, no saben manejar el dinero, no aprenden de su experiencia, etc.); las dificultades en establecer vínculos afectivos, les cuesta mucho establecer y mantener relaciones sociales y suelen tener baja autoestima y las creencias de que no son suficientes o de que son malos. Esto vienen determinado porque, cuando tienen algún comportamiento disruptivo, el entorno les devuelve que son malos, que se comportan así porque quieren, sin embargo, la verdadera causa puede estar en que su cerebro no puede responder de otra manera.

Hoy día se ha demostrado que la plasticidad cerebral se da a lo largo de toda la vida, aunque sea en los primeros años cuando más fuerza tiene. Esta plasticidad, acompañada de buenos tratos, muchas veces repara en los niños esas dificultades a las que se ha hecho referencia. También en la actualidad existen terapias de tercera generación (EMDR, terapia de Reflejos Primitivos, Neurofeedback) que son muy eficaces y ayudan a mejorar la regulación emocional, a fortalecer los vínculos afectivos, a mejorar en el aprendizaje, en definitiva, a que los niños puedan tener una existencia normalizada y con buena calidad de vida.

¿Existen prejuicios sociales o falsas creencias sobre la adopción?

Una de las creencias más arraigadas sobre la adopción es que cuando los niños son adoptados muy pequeños, la adopción no influye para nada e el desarrollo del niño o niña. Esto es totalmente erróneo, como se ha explicado más arriba, el cerebro del bebé recuerda sus experiencias negativas y le influirá en su desarrollo.

Otra creencia bastante frecuente es que los padres adoptivos son muy permisivos y que no ponen límites a sus hijos. Sin embargo, en la mayoría de los casos son padres comprometidos, que ponen límites y normas a sus hijos, pero, debido al mal funcionamiento de algunas funciones ejecutivas del cerebro, el niño no aprende o se comporta de forma inadecuada.

En el entorno de los niños adoptados, puede producirse un rechazo hacia ellos por no comprender la base de su comportamiento, esto a veces les estigmatiza y hace que se sientan mal etiquetados, tanto en la escuela como en el entorno social y familiar.

Educar en igualdad

Tenemos que añadir a sus dificultades los prejuicios que sufren por ser de una raza diferente, el racismo al que muchas veces son sometidos. Nos sorprenderíamos de las cosas horribles que tienen que escuchar en el patio del colegio: “hueles a mierda”, «vete a la selva a buscar una madre”, “no me extraña que tu madre te abandonara”, etc.

Los niños adoptados son niños que han sufrido mucho, y las personas que les rodean, que forman parte de su vida diaria no deberían olvidarlo para no juzgarles y para hacer que la vida que les ha tocado vivir sea lo más amable posible.

Es importante también entender que muchos de estos niños y padres adoptivos pueden recibir ayuda profesional para mejorar su calidad de vida.

Tengo la suerte de dedicarme a aprender. Para una licenciada en Filosofía, no se me ocurre nada mejor. En la UP soy investigadora y documentalista, así que leo mucho, escribo e intento estar al tanto de todo lo que tenga que ver con educación, creatividad, adolescencia... Soy muy curiosa y me interesan miles de cosas distintas, desde la fotografía al buceo pasando por el cine y los gatos.

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