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“Los padres no se equivocan porque no se preocupen, sino porque se preocupan demasiado.”(B. Brazelton)

El doctor Berry Brazelton, famoso pediatra estadounidense, presentador de televisión y autor de varias decenas de libros sobre infancia y paternidad, falleció la semana pasada a los 99 años de edad. Su programa de televisión, que estuvo casi 12 años en antena y los libros y manuales que escribió, han ayudando a tranquilizar a muchas generaciones de padres a los que siempre animó a confiar en sus propias capacidades y a disfrutar del proceso de ir descubriendo a sus propios hijos.

Quizá les resulte extraño que hablemos de él – una celebridad en su país y mucho menos conocido en el nuestro – pero su trabajo y sus investigaciones revolucionaron la manera que tenemos de entender el desarrollo psicológico de los niños en el mundo occidental, y sus descubrimientos contribuyeron a cambiar la manera de entender la crianza de los niños. Fue un gran divulgador, un investigador de curiosidad insaciable y probablemente una de las personas que mejor entendió tanto a los niños como a sus padres.

Son muchas cosas las que hizo el doctor Brazelton por ayudarnos a comprender mejor a los niños y su desarrollo temprano. Debemos agradecerle también que liderara un enfoque de la pediatría mucho más humano y empático hacía las necesidades de los niños y sus familias.

El doctor Brazelton empezó a trabajar como pediatra a principios de la década de los 50, en un momento en el que las ideas sobre como se debía criar a los hijos eran abiertamente autoritarias. Se creía que los bebés no sentían dolor y a las madres se les instruía para establecer horarios estrictos de sueño y alimentación, exigir obediencia e, incluso, abstenerse de ser demasiado cariñosas. Su trabajo directo con los niños y con sus familias le llevó a poner al bebé en el centro del universo, y cosas que ahora parecen tan de sentido común como los beneficios de la leche materna o el acompañamiento hospitalario de niños enfermos, se las debemos en gran parte a él.

Su trabajo con recién nacidos le llevó al convencimiento de que los bebés son seres complejos, sensibles y capaces desde el mismo momento de su nacimiento. Que tiene la capacidad de controlar su estado interno y de involucrarse o desentenderse del ambiente en función de lo que está pasando a su alrededor. Resaltó la importancia del comportamiento de los bebés, que entendió como un lenguaje con un sentido y un propósito, y en el que basó toda su investigación posterior. Sus descubrimientos, fruto de la práctica pediátrica y de la observación directa, han servido de inspiración a muchas de las investigaciones sobre el desarrollo del cerebro infantil que se han llevado a cabo en las últimas décadas (y que han confirmado la mayoría de sus teorías).

Brazelton fue uno de los primeros investigadores en filmar las interacciones dinámicas entre las madres y sus hijos. Al repasar los fotogramas cientos de veces fue capaz de registrar todas las sutilezas de las interacciones cara a cara entre ellos. La videocámara se convirtió en un instrumento para observar el comportamiento infantil y demostró como los niños y las madres interactúan rítmicamente en ciclos de entre 15 y 20 segundos. Generalmente, descubrió, los bebés lideran esta relación buscando la reacción materna que provocan. Cuando la madre deja de responder al bebé y pone una cara inexpresiva, el bebé, casi automáticamente, se siente mal.

Estas observaciones le llevaron a modificar la noción del vínculo entre la madre y el hijo. La importancia que tiene esta relación es algo que ahora damos por hecho, pero en su momento fue una idea revolucionaria. Por un lado, Brazelton se dio cuenta de que los niños venían al mundo con un temperamento biológico y no como una “tabula rasa” que los padres debían llenar. Por otro, que el bebé contribuía a su propio desarrollo al modelar su ambiente más próximo y no como resultado de una exposición pasiva al mundo. Su trabajo ayudó a médicos y psicólogos a entender que el desarrollo del bebé se produce por intercambio: el comportamiento del niño es modificado por el de la madre y el de la madre es modificado por la del hijo en una relación de mutua reciprocidad.

En 1973 elaboró la Escala de Evaluación Neonatal (conocida comúnmente como la Escala Brazelton) que mide la respuesta de los bebés a la luz y al sonido y que, además de ayudar a los padres primerizos a decodificar las necesidades y el temperamento de sus hijos, ayudó a acortar los procesos de adopción y a evitar a los bebés los largos meses de internamiento en instituciones que eran necesarios entonces hasta que los niños eran evaluados.

Fue también un pionero en el campo de la medicina del desarrollo. Elaboró un enfoque, llamado touchpoints o puntos clave, basado en la teoría de que el desarrollo humano tiene lugar mediante procesos de organización y desorganización, con ventanas de oportunidad y de vulnerabilidad, que necesitan de unas relaciones sólidas entre padres e hijos y, por tanto, un apoyo a esas relaciones.

Son muchas cosas las que hizo el doctor Brazelton por ayudarnos a comprender mejor a los niños y su desarrollo temprano. Debemos agradecerle también que liderara un enfoque de la pediatría mucho más humano y empático hacía las necesidades de los niños y sus familias.

La doctora Eileen Costello, amiga de Brazelton y jefe de pediatría ambulatoria del Boston Medical Center cuenta que una de las cosas que más le preocupaba en los últimos años era la “ansiedad de los padres por tener unos hijos perfectos” y de lo innecesario que resulta que todos los niños sean buenos en todo. Quizá deberíamos prestar atención a su último consejo y disfrutar más de la emocionante aventura de ver como nuestros hijos e hijas, únicos e irrepetibles, crecen y desarrollan todo su potencial.

Fuentes:

New York Times. 14/03/2018

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