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El peligro de etiquetar a los niños

En ciertas ocasiones, los adultos sin darnos cuenta y sin intención de ofender, etiquetamos a los niños y niñas. No somos conscientes que, este acto involuntario, tiene consecuencias para su personalidad, desarrollo y autoestima.

Las etiquetas consisten en llamar a los niños de alguna forma por alguna conducta que consideramos molesta o inadecuada, como por ejemplo, «eres un pesado», «eres un quejica», «eres muy vaga»… Eso que puede resultar algo banal puede generar en el niño y niña problemas de identidad. Sobre todo si se usan para resaltar defectos físicos o de comportamiento. Esto hace que el niño o niña adopte un estilo de vida con un sentimiento de inferioridad.

Está demostrado, que en las primeras edades de los niños, las etiquetas consideradas como peligrosas son las que se ponen dentro del núcleo familiar porque es donde se tiene las interacciones más importantes. En cambio, las etiquetas que proceden de fuera, se pueden amortiguar y trabajar. Frases que muchas veces forman parte, a veces, del día a día de los niños y niñas dentro del hogar, son «no seas un llorón», «qué niña tan marimandona», «eres una torpe», «no haces nunca nada bien»…, son algunas de las etiquetas que, a veces, ponemos a nuestros hijos e hijas cuando reiteran una conducta. No hay maldad en esta actitud, pero si la repetimos muchas veces, el niño puede sentir que, en cierto modo, es de esa manera y por mucho que se esfuerce, no conseguirá cambiar. Esto puede derivar en un problema de superación y en un sentimiento de frustración.

Debemos, por ello, animarles y darles siempre la oportunidad de mejorar su conducta o comportamiento.

Las etiquetas son, sin duda, una falta de respeto hacia cualquier niño o niña.

Podríamos hablar de tres tipos de etiquetas:

  1. Las etiquetas negativas aparecen generalmente cuando los niños demuestran habitualmente una conducta inadecuada, a veces incluso, por algún defecto físico o cognitivo. Dirigirnos hacia ellos así no modificará su conducta, ni hará que cambien de actitud ni lograremos que superen sus dificultades.
  2. Las etiquetas positivas son menos negativas, pero, es cierto que, cuando las usamos de manera continua, también pueden llegar a tener sus consecuencias negativas. Frases como «eres el mejor en todo», «sacarás un 10», «no fallas nunca»…, puede llegar a generar en los niños y niñas una gran presión, miedo a no fallar ni defraudar y, al final, lo que hacemos es limitar su capacidad.
  3. Las etiquetas de género diferenciando a los niños y a las niñas según su género. Frases como «esto es de niños», «pareces un chico», «los niños no lloran», son frases que debemos, en todo momento, evitar.

¿Cómo podemos reforzar de forma positiva la conducta de los niños sin utilizar las etiquetas?

Hay tres pasos que deben darse de manera consecutiva:

  1. Toma de conciencia. Tomar conciencia de que esa etiqueta está ahí, instalada en nuestro pensamiento.
  2. Aceptación. Aceptar nuestra responsabilidad sobre esa etiqueta.
  3. Acción correctiva. Uso de frases en positivo, en vez de utilizar las etiquetas.

Desde la UP este tema lo abordamos ofreciendo las herramientas necesarias a las familias para aprender a usar frases en positivo. Te damos algunos ejemplos, en vez de «eres torpe» podríamos usar «aquí estoy para ayudarte, puedes lograrlo»; en vez de «eres un desordenado» por «recoge tu habitación, seguro que lo haces fenomenal»; en lugar de «tu hermana a tu edad leía mejor que tú» por «cada día lo vas haciendo mejor, con tu esfuerzo lograrás ser un gran lector».

De esta manera potenciamos sus cualidades positivas ayudando a construir una imagen positiva y adecuada de ellos mismos.

Otra de las recomendaciones es crear un clima familiar afectuoso y de comunicación, ayudando así a reducir el impacto de las etiquetas. Es fácil poner una etiqueta a un niño o niña, pero lo complejo es quitarla después para hacerles ver que no son tal y como los habíamos etiquetado.

Los adultos tenemos que ser conscientes que las palabras negativas a nuestros hijos e hijas pueden marcarles dejando huella en su personalidad.

Tomamos como referencia esta frase de Goethe:

«Trate a las personas como si fueran lo que deberían ser y las ayudará a convertirse en lo que son capaces de ser».

Para finalizar y ahondando en este tema, te recomendamos una lectura para leer en familia: ¡Esto pica mogollón!, de Beatriz Ayala, de LAUDE Edelvives.

Además y con motivo del Día del Libro, este próximo viernes a las 18:30h, te invitamos a un live desde la cuenta de Instagram de Fundación Edelvives (@fundacion_edelvives).

Participará la autora de ¡Esto pica mogollón!, Beatriz Ayala, y Ghada Aboud, tutora de la UP que reflexionarán sobre el peligro de etiquetar a los niños.

 

Hemos hablado ya con ella sobre algunos temas y esto es lo que nos ha contado:

¿Qué es lo que te inspiró para escribir el cuento?

Mi fuente de inspiración son siempre mis hijos y los niños que me rodean. Observar los comportamientos de niños y padres da para mucho y cuando uno se empieza a hacer consciente de ciertos temas es mucho más fácil detectarlos y usarlos como fuente de inspiración. La vida está llena de inspiración, sólo hace falta mirar con atención

¿Por qué te pareció importante tratar el tema de las etiquetas?

Las etiquetas, como tú bien has dicho, salen automáticamente de nuestras bocas sin que seamos conscientes del daño que pueden hacer a quienes se las ponemos.

El tema de las etiquetas es un tema que me preocupa porque su uso lastima a nuestros niños. Al poner etiquetas, les dañamos su autoestima y la confianza en sí mismos y algo muy curioso es que, al etiquetarles, casi «les obligamos» a que se comporten de esa manera.

Además, el uso de etiquetas impide al niño que se forme un autoconcepto sano.

Las etiquetas no ayudan al niño en su desarrollo, sino, más bien al contrario, pues al «asumir» esas etiquetas puede llegar, incluso, a modificar su conducta y su forma de ser.

¿Cómo podríamos reconocer que estamos poniendo etiquetas a nuestros hijos, alumnos, sobrinos, nietos…?

Se trata de hacer una toma de conciencia. Los padres deberíamos tener muy presente que las palabras construyen o destruyen y, como diría Don Miguel Ruiz, autor de «Los cuatro acuerdos», deberíamos ser impecables con nuestras palabras.

Yo creo que se trata de tomar una simple decisión y esa decisión es la de hablar conscientemente a nuestros hijos.

¿Cuáles consideras las etiquetas más peligrosas para los niños?

Pues me gusta que me hagas esa pregunta porque normalmente existe la tendencia a pensar que sólo las etiquetas «negativas» son dañinas, sin embargo, las «positivas» también lo son, tal y como tú has explicado tan bien antes.

Es cierto que los padres tendemos a etiquetar cuando los niños nos sacan de nuestras casillas y lo hacemos en automático.

Igualmente, la falsa creencia de reforzarles la autoestima, nos hace colocarles esas etiquetas «positivas» que son tan peligrosas como las anteriores.

¿Cuántos tipos de etiquetas crees que utilizamos en la actualidad? ¿Crees que las etiquetas en positivo no son peligrosas?

Sí, también lo son pues en lugar de lugar de reforzar la autoestima del niño le añaden una presión suplementaria y hacen que el niño actúe únicamente para buscar la aprobación «de lo bien que lo hace todo».

Positivas o negativas, las etiquetas encasillan al niño y le condicionan fuertemente en sus conductas.

¿Cuál es la mejor manera de trabajar el tema de las etiquetas? ¿Podríamos liberar a los niños de las etiquetas?

No es tarea fácil porque, como hemos dicho antes, nos salen en automático y dejar de ponerlas supone un esfuerzo que hay que estar dispuestos a realizar.

Ahora bien, nos toca hacer una auténtica toma de conciencia y disponernos a centrarnos en la acción que realiza el niño y no en el carácter.

Centrarnos en las veces que el niño actúa o hace algo bien y dejar espacio para los errores es una manera de dejar de etiquetar. Hacer una cosa mal un día no significa que la vayamos a hacer siempre mal

Estar cansados un día, no significa que seamos unos vagos.

No conseguir resolver un problema de matemáticas hoy, no significa que las matemáticas no sean lo nuestro.

No querer dar un día un paso por vergüenza, no significa que seamos tímidos.

Y así, sucesivamente…

Para superar las dificultades

Os dejamos una breve reseña del libro ¡Esto pica mogollón!. Y os recordamos que, si os apetece, os esperamos este viernes 23 de abril a las 18:30h con una entrevista en directo en la cuenta de Instagram de Fundación Edelvives.

La señode Arturo se enfada mucho con él, pero las distracciones permanentes del niño en clase enseñarán a la severa maestra que las humillaciones no sirven para nada.

Una interesante reflexión para mostrar el peligro de «etiquetar» a los niños.

Maestra de Educación Infantil y tutora de la Universidad de Padres

2 Comments
  • Laura Abellan
    22 abril, 2021

    Genial exposición Ghada. 👏
    Los adultos de forma inconsciente decimos «comentarios» que etiquetan a los niños, produciendo una distorsión de sus capacidades y emociones generando, principalmente, frustración y ansiedad.
    Como bien expones, la mejor herramienta es acompañarlos en sus derrotas y triunfos y, emplear un lenguaje asertivo que potencie su autoestima y autonomía.
    Buen trabajo compañera. 😉

  • Maite Góngora
    25 abril, 2021

    Muy interesante, especialmente en el caso de las etiquetas positivas, ya que parece que estas deberían ser inocuas y la adulación excesiva afecta también al desarrollo del niño.

Y tú ¿qué opinas?