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La importancia del autocuidado en la crianza

El pasado 5 de noviembre se celebró el Día internacional de la persona cuidadora, es decir, el día de (casi) todas las personas. Porque, todos y todas, en algún momento de nuestra vida, cuidamos de otros. Y, desde luego, fuimos cuidados. Como madres y padres, o adultos referentes de otros menores, somos cuidadores y, de manera más o menos consciente, queremos hacerlo lo mejor posible.

Cuidar es un acto valiente y generoso, gratificante en muchas ocasiones, pero agotador y frustrante en otras. Por eso, es fundamental prestar atención al aspecto más importante que va a hacer posible que pueda ofrecer un cuidado de calidad: YO MISMA/O.

Y es que no es posible cuidar de otros si no somos capaces de cuidarnos a nosotros mismos. Especialmente, si lo que queremos es cuidar bien y disfrutar al máximo del proceso.

Por eso, en este post reflexionaremos sobre la importancia que tiene el autocuidado y cómo lograrlo, especialmente cuando te dedicas a cuidar a otras personas. 

¿Sentimiento de culpa?

Seguro que muchas veces nos hemos sorprendido sintiéndonos mal por cómo hemos tratado a nuestro hijo, por cómo hemos respondido a nuestra pareja o por la poca paciencia que hemos mostrado con nuestra hija. Pero, ¿analizamos con frecuencia cómo nos tratamos a nosotros mismos?, ¿dedicamos tiempo suficiente al autocuidado?

La teoría del autocuidado fue formulada por Dorothea Orem (1994) que la definió como:

«Una actividad aprendida, dirigida hacia nosotros mismos o hacia los demás, con el fin de conseguir un bienestar».

Es, por tanto, un acto consciente hacia nosotros mismos, para observarnos, conocernos, valorar si lo que hacemos nos genera bienestar o malestar e identificar nuestras necesidades para cubrirlas adecuadamente. 

Posiblemente, si no estamos demasiado acostumbrados al autocuidado, cuando lo hagamos sintamos que se trata de un acto egoísta y vaya acompañado de la culpa que supone dejar de cuidar a otros para cuidarnos a nosotros. Es necesario cambiar la perspectiva:

El autocuidado es un acto generoso hacia nosotros mismos y hacia los demás, porque gracias a ello, podré ofrecer un cuidado de mayor calidad hacia otros. 

Empezamos a cuidarnos cuando dedicamos tiempo a preguntarnos cómo nos sentimos, qué es lo que necesitamos y qué podemos hacer para satisfacer esas necesidades. No se trata tanto de cosas materiales, que, a veces, también son necesarias, sino de la actitud que tenemos hacia nosotros mismos. Es fundamental aceptar que también tenemos necesidades, tanto físicas como emocionales, y que debemos querernos más y hablarnos y tratarnos mejor.  

Cuidarse no es un capricho que nos damos de vez en cuando, es una necesidad diaria y una responsabilidad que debemos asumir. Cada uno de nosotros somos responsables de alcanzar nuestro bienestar y de poder sacar la mejor versión de nosotros mismos; y también somos responsables cuando nos descuidamos y llegamos a perder el equilibrio pudiendo dañar a las personas que tenemos a nuestro alrededor.

El autocuidado puede ser una cuestión de actitud

Muchas personas al pensar en su propio cuidado pensarán que no tienen tiempo, que tienen demasiadas obligaciones, que ya lo harán más adelante, etc. Seguro que hay mucha verdad en esas creencias y eso está llevándole a descuidarse. Por eso, es importante comprender que el autocuidado, no solo es hacer más cosas de las que ya hacemos para que nos generen bienestar, a veces, es una cuestión de actitud. 

El autocuidado tiene un componente subjetivo. Lo que para mí es autocuidado, puede no serlo para otro. Necesitamos identificar qué es lo que nos devuelve el bienestar físico, emocional y mental e incorporarlo a nuestras vidas. Gracias a esto, podremos mantener y recuperar el equilibrio perdido, consecuencia de los múltiples estresores a los que nos enfrentamos día a día. 

La actitud con la que afrontamos estas actividades es fundamental. Si es autocuidado, no debe ser sufrimiento. Podemos buscar elementos en las actividades de la vida cotidiana que conviertan lo que hacemos en autocuidado. Por ejemplo, el momento de acostar a los niños puede ser una actividad que me genere mucho estrés porque necesito que dejen todo preparado, se laven los dientes, se duerman pronto…, o puede ser un momento de autocuidado si aprovecho para conectar con ellos, que me cuenten cosas que han hecho durante el día, contamos cuentos, etc. Es importante centrarnos en los aspectos positivos que nos permitan disfrutar y sentirnos recompensados por el esfuerzo realizado y los resultados obtenidos y, poco a poco, ir generando cambios. 

Incorporar el autocuidado en cada momento del día puede ser una cuestión simplemente de voluntad. Recuerda que somos los modelos de nuestros hijos e hijas, por lo que autocuidarnos no solo nos sentará bien a nosotros, también les mostrará a ellos cómo hacerlo. 

¿Por dónde empiezo?

Verás que es más fácil de lo que parece. A continuación, se proponen algunas ideas para comenzar a autocuidarnos:

  • Dedica momentos para parar y coger aire, tantas veces como necesites a lo largo del día: respirar, recuperar la conexión con nosotros mismos, volver a la calma y ordenar nuestros pensamientos. 
  • Cuida la alimentación. Sin duda, comer bien y darle al cuerpo lo que necesita hará que nos sintamos mejor y llenos de energía; además, seremos más resistentes a las enfermedades y nos ayudará a estar más a gusto con nosotros mismos, entre sus múltiples beneficios.
  • Haz ejercicio. Está sobradamente demostrado que incorporar actividad física a nuestro día a día tiene múltiples beneficios para nuestra salud física y mental. 
  • Duerme bien. Cuando los hijos son pequeños, el descanso puede convertirse en un bien escaso. Incluso en esos momentos, es importante revisar los hábitos y pedir ayuda para poder descansar lo suficiente. 
  • Revisa de vez en cuando tus prioridades. La mayoría de las veces, las cosas que más nos estresan no son las más importantes en nuestra vida. Pararnos a recordarlo nos permite relativizarlas cuando es posible.
  • Cuida el lenguaje que utilizas contigo mismo. No te atribuyas características por tus errores. No es lo mismo decir «soy un desastre» que «me he despistado». 
  • Reconoce tus logros, aunque sean pequeños. 
  • Acepta los cumplidos de otros. 
  • Tómate las críticas en positivo o ignóralas si crees que no hacen justicia. No dejes que te quiten la energía. 
  • Revisa cómo afrontas los errores. Castigarnos y culpabilizarnos, solo nos genera malestar. Es importante aprender a perdonarnos y aceptar que no somos perfectos. 
  • Rodéate de personas positivas que te contagien su energía. 
  • Busca momentos para charlar o tomar café con amigos o compañeros.
  • Plantéate expectativas realistas para cada día; evitará que te estreses cuando veas que no llegas a todo. 
  • Sé flexible y tolerante. Querer tener todo bajo control es una de las fuentes principales de estrés. Soltar el control puede ser muy reparador para uno mismo.
  • No te recrees en lo negativo, en la crítica y en la queja. Intenta sacar de todo algo positivo.
  • Disfruta de las cosas pequeñas del día a día.
  • Ríete con tus hijos, abrázales siempre que puedas
  • Y por supuesto, incluye todas aquellas actividades que sientas que te generan bienestar y puedas incluir en tu agenda.

En el libro Emoprende en familia: una guía práctica de educación positiva y consciente (Rabanal y Peñafiel, 2021), publicado por Ediciones KHAF, proponemos un montón de ideas y herramientas para poder seguir desarrollando nuestras habilidades de crianza y disfrutar cada día más de nuestros hijos e hijas.

Aquí puedes leer un extracto.

 

Profesora del Centro Universitario Cardenal Cisneros. Doctora en Psicopedagogía y experta en inteligencia emocional. Certificados en disciplina positiva por la Asociación Americana de Disciplina Positiva.

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