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La importancia del juego en la educación infantil

Está más que demostrado la importancia del juego en la educación infantil, puesto que es una actividad esencial. 

Podríamos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que a través del juego los niños y niñas «descubren» parte del mundo que los rodea. Y les sirve, también, para expresarse, especialmente cuando aún no dominan el lenguaje, con nosotros, sus padres, y con su entorno.

Por este motivo, desde la Universidad de Padres siempre hemos puesto en valor la importancia del juego en la educación infantil. De hecho, afirmamos que es la mejor herramienta educativa para los peques. Y es que cada uno de ellos necesita su espacio de ocio y juego para poder ser niños y niñas libres y desarrollarse sana y felizmente.

Aprender jugando

El juego puede plantearse desde dos prismas:

  • El juego libre y espontáneo que eligen los peques.
  • El juego que elegimos los adultos para que jueguen. En este, aunque tratamos que la actividad cumpla una función, siempre se hace desde la libertad que el juego lleva implícita. No es cuestión de poner reglas y condiciones a tan temprana edad. Que los niños y niñas se vean obligados a observar, palpar, descubrir y que tomen la iniciativa, incluso dándonos «órdenes» a los adultos, para que entremos en su juego y nos involucremos.

Las familias, tutores y cuidadores de niños y niñas tienen un papel muy importante, ya que deben enseñarles con cariño a aprender, lo que repercutirá en el buen desarrollo físico, sensorial, intelectual y afectivo-social de nuestros hijos e hijas.

Objetivos generales que se fijan en el primer ciclo de infantil (0 a 3 años)

Los objetivos del juego para el primer ciclo de infantil son los siguientes:

  • Identificar las necesidades básicas de salud y bienestar, de juego y de relación.
  • Descubrir, conocer y controlar progresivamente su propio cuerpo, sus elementos básicos y sus características, para valorar sus posibilidades y limitaciones y actuar así de forma cada vez más autónoma en las actividades habituales.
  • Relacionarse con los adultos y otros niños, percibiendo y aceptando las diferentes emociones y los sentimientos que se le muestren. De esta forma, desarrolla progresivamente actitudes de interés y ayuda.
  • Observar y explorar activamente su entorno inmediato y los elementos que lo configuran, identificando las características y propiedades más significativas, para disfrutar de todo tipo de estímulos.
  • Regular paulatinamente su comportamiento en las propuestas de juego, rutinas y otras actividades, que presenta el adulto, para que disfrute con ellas y las use para dar cauce a sus intereses, conocimientos, sentimientos y emociones.
  • Comprender pequeños mensajes orales que se le van dirigiendo en los contextos habituales, para que aprenda, progresivamente, a regular su comportamiento.
  • Comunicarse con los demás utilizando el lenguaje no verbal y corporal, para expresar sus sentimientos, deseos y experiencias e influir en el comportamiento de los demás.
  • Descubrir diferentes formas de comunicación y representación, utilizando sus técnicas y recursos más básicos y disfrutar con ellas.
  • Potenciar su creatividad, expresividad e imaginación.

En el juego es imprescindible también respetar el ritmo de cada niño. Por eso, dependiendo de su distinta evolución y progreso, los objetivos pueden variar.

Partimos de la premisa de que el juego es el elemento educativo único a estas edades. Además de aportarnos información sobre los niños, el juego permite que evolucione, manipule, se desarrolle, experimente, observe, se relacione y aprenda. De ahí la importancia del juego en la educación infantil.

Si además, el niño o la niña juega e interactúa con otros peques, ejercita su función cognitiva. Es una especie de «entrenamiento» para el cerebro que colabora positivamente a mejorar la atención y la memoria.

Por eso, es conveniente ofrecer un abanico de posibilidades y actividades de acuerdo a los intereses y momento evolutivo del niño (a través del juego y la manipulación), con el fin de conocer y descubrir su entorno más inmediato, el desarrollo de la actividad motriz e intelectual y sus necesidades básicas, tales como la alimentación, el sueño, la higiene, la afectividad…

También debemos tener en cuenta la estimulación sensorial, pues a través de los sentidos el niño recibe toda la información necesaria para su pleno desarrollo. El ambiente está lleno de estímulos que le motivan y desarrolla sus sentidos (sensaciones y percepciones).

Para llevar a cabo el modelo de aprendizaje basado en los sentidos, es conveniente tener en cuenta los siguientes principios metodológicos:

  • Individualización: debemos respetar el ritmo individual de cada niño para su correcto desarrollo.
  • Importancia de lo lúdico: se considera un método de aprendizaje motivador para el desarrollo de nuestros hijos.
  • Socialización: es de vital importancia la afectividad entre la familia y sus hijos e hijas, pues los aspectos relacionales y afectivos son esenciales.
  • Aprendizaje significativo: motivamos hacia un aprendizaje mediante el juego, la acción, la manipulación y la verbalización, para que sea realmente significativo.
  • Perspectiva globalizadora: se trata de estimular el desarrollo de todas sus capacidades, tanto físicas, como afectivas y sociales de forma global.

Estos principios metodológicos se aportan desde que el niño nace, de manera global y gradual, partiendo de los intereses reales de nuestros hijos e hijas y potenciando el mayor número de relaciones, entre lo que ya conoce y la nueva información, siendo así protagonista de su propio aprendizaje. Todo esto reafirma la importancia del juego en la educación infantil.

El juego es un método global, que entiende la individualidad propia de cada niño, en el que la realización de las actividades, tanto libres como organizadas, influye de forma positiva para adquirir seguridad, autoimagen y autoestima. Fomenta, además, actitudes positivas hacia los aprendizajes, estimula su curiosidad y el interés por explorar, descubrir y comunicarse, pues consolida las bases para que los niños encuentren el gusto por aprender y ser felices.

La importancia del juego en la educación infantil a nivel social y emocional 

Es necesario analizar dos conceptos clave:

  • Habilidades sociales
  • Desarrollo y control emocional

Antes comentábamos que la interacción con otros niños y niñas ayudaba a la estimulación cognitiva de los peques. Ello está relacionado con el gen social que los seres humanos llevamos adheridos. A través del juego los niños y las niñas descubren las relaciones sociales con otras personas fuera de su círculo familiar. Es el momento de iniciarse en el comportamiento de las personas y de experimentar contextos nuevos mientras disfruta de la actividad de jugar.

No será fácil entender según qué situaciones cuando se ha de compartir tiempo y espacio con otros peques, pero es un proceso necesario. Ya no sólo existen mis necesidades y prioridades, sino que entran también las de los demás, y los niños han de aprender a satisfacer sus deseos y necesidades sin eliminar las de los demás.

La importancia del juego en la Educación infantil también se ve reflejada en los sentimientos que van desarrollando y experimentando los peques. A veces el juego sale como queremos, y otras no, y entonces, emociones y sentimientos no tan buenos invaden el momento. ¿Cómo actuar? Sin adultos de por medio, serán ellos, los niños y niñas quienes habrán de aprender a identificar ese sentimiento y a medir su respuesta y comportamiento para lograr afrontar un momento de conflicto. Se iniciarán en el autocontrol, la empatía y el diálogo para lograr lo que desean. Y también aprenderán a pedir ayuda si la necesitan.

Rol del adulto en los juegos infantiles

Los adultos debemos acompañar a los peques en el juego infantil y también cuidarles, pero en lugar de con frases de aprobación como «muy bien hecho» o «eres un campeón», simplemente estando cerca, asintiendo, con una mirada cómplice o con una sonrisa desde una zona de no influencia en su actividad. Así comprobaremos de verdad la importancia del juego en la Educación infantil porque estaremos construyendo un entorno seguro para los nenes, en el que se sentirán confiados y podrán desarrollar su personalidad adecuadamente.

Demasiada interferencia en el juego no es buena. Es posible que los adultos actuemos instintivamente interviniendo en la rutina de los peques mientras juegan porque así nos pasó a nosotros y nosotras. Si queremos que vayan descubriendo cosas por su cuenta, a medida que tocan, sienten, experimentan y van incrementando su aprendizaje, hay que saber estar cerca, pero no en medio. Acompañar pero no intervenir. 

No obstante, no es fácil hacerlo. Aún hoy, muchos progenitores se encuentran «perdidos» en el rol que deben desempeñar en los juegos con sus hijos e hijas. Se tiende a creer que los adultos son necesarios en las actividades lúdicas de los más pequeños, pero no siempre es así. De hecho, en muchas ocasiones no «nos necesitan» ni se requiere interacción alguna por nuestra parte.

Claro está que si el peque o la peque nos lo pide, ahí debemos estar. Durante el tiempo de juego que tienen los más pequeños, los padres han de estar cerca observando, pero aprovechando también ese tiempo de ocio del nene para atender cosas nuestras complementarias. Los niños y niñas saben que el padre o la madre está cerca y si nos necesitan, nos lo harán saber.

Y si surge un problema durante el juego, ¿qué debemos hacer? Evidentemente no solucionarlo, sino darles las herramientas necesarias para que lo solventen por su cuenta. De esta manera, el juego infantil potencia al máximo el conocimiento y aprendizaje de los peques.

El papel del adulto en el juego infantil

El entorno seguro y preparado y los materiales con los que los niños y niñas juegan sí son parte de la responsabilidad de los padres que muchas veces se ven guiados por modas, marketing y otros aspectos que nada tienen que ver con las necesidades reales de juego de los niños y niñas.

Los niños y niñas necesitan juegos infantiles que les den libertad y autonomía, pero una parte depende de nuestra acción como padres. Pero, ¿cómo saber si lo que les aportamos es adecuado y necesario? Nuestra compañera Coti Coloma nos ayuda a entenderlo:

«En las artes y en el resto de la educación, el mejor profesor no es el que comparte todo lo que sabe o el que se guarda todo lo que podría dar, sino el que, con la sabiduría de un buen jardinero, observa, juzga y echa una mano cuando su ayuda es necesaria».

Si tuviéramos que elegir una sola actividad o habilidad que los adultos de referencia de un niño o niña necesita aprender y desarrollar, esa sería la observación. Observar de forma externa y respetuosa los juegos infantiles es algo realmente fácil de decir, pero bastante complicado de llevar a la práctica, sin un poco de entrenamiento. Esa observación es silenciosa, no intrusiva, atenta y sensible, tanto a las acciones de los niños y niñas, como a las necesidades que representan. Algo difícil de imaginar, y más de ejecutar, en el trasiego de la mayoría de las familias.

Ideas básicas de la importancia del juego en la educación infantil

Para hacernos una idea de la importancia del juego en la Educación infantil, es significativo respetar la dinámica de juego de los niños y niñas y no interrumpirlo de forma brusca.

Esta tarea de observación para los padres y madres, este nuevo rol, puede ser además una liberación para aquellos que se sienten obligados y comprometidos a participar de un juego que ni comparten ni les divierte. Los adultos «hacen como que juegan» restando autenticidad al juego, ya que los peques no hacen como que juegan, sino que jugar es una actividad plena de realidad.

En esta forma de juego, el rol del adulto es muy secundario, e incluso a cierta edad, innecesario o inexistente. El adulto se asegura de que exista un entorno seguro, transmite tranquilidad, permite al niño o niña tener sus necesidades cubiertas…, pero no se inmiscuye en el juego, a no ser que surjan conflictos que los jóvenes protagonistas no puedan solventar por sí mismos, o por ejemplo sea necesario intervenir porque se termine el tiempo o sea necesario hacer algo.

Otras ideas fundamentales:

¿Qué llama su atención?

Un día por ejemplo, podemos dedicarlo a los materiales que usa, los que le llaman la atención y aquellos con los que mantiene más tiempo de juego.

Observar cómo juega

Qué hace con esos materiales y profundizar en sus dinámicas de juego. Por supuesto todo esto es aplicable también a un juego social o en grupo.

Un buen truco, al principio

Utilizar una pequeña libreta en la que anotar aquellas cosas que nos llamen la atención durante la observación. Este truco nos permitirá tener un registro de lo que vamos observando, y además nos mantendrá tanto las manos como la cabeza ocupadas, haciendo más difícil interrumpir al peque mientras juega.

Diferentes temas de observación

Podemos ir abordando durante los ratitos que dediquemos a observar su juego, pero sin participar en él.

Conclusiones

Es más que evidente la importancia del juego en la Educación infantil. Los juegos llevan asociados un pensamiento profundo, en la mayoría de los casos, asociado a un momento de atención plena. Cuando se interrumpe de forma repentina el juego del niño, estamos también interrumpiendo su hilo de pensamiento. Como padres y madres nos interesa fomentar el nivel de atención plena en nuestros hijos e hijas y, sin embargo, a menudo, cuando logran ese nivel de concentración, somos nosotros mismos los que lo cortamos.

Una vez que hemos logrado incluir esa observación y ese acompañamiento en el que no somos protagonistas, pero tampoco somos sujetos pasivos, ¿Qué hacemos con la información recopilada? En este momento se abren un montón de posibilidades relacionadas con los períodos sensibles o fases del desarrollo que nos permitirán ajustar los materiales y el acompañamiento a las necesidades reales de nuestros hijos.

Como veis, la actividad de jugar en la edad infantil implica mucho más que ocio y divertimento para los peques. Es su mejor herramienta educativa. Saber gestionarla es responsabilidad de los adultos, y en Universidad de Padres os ayudamos a entenderla de la manera más óptima y adecuada.

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